Un cuento sobre dos ciudades



Ayuda para el estudio Citas famosas

Estos son algunos ejemplos de algunas de las citas m√°s famosas de Charles Dickens. Un cuento sobre dos ciudades (1859). Estos ejemplos lo ayudar√°n a obtener una comprensi√≥n m√°s profunda de este complejo trabajo, y es posible que se sorprenda de cu√°ntas de estas frases a√ļn le resultan familiares, ¬°a pesar de que este gran cl√°sico se escribi√≥ hace m√°s de 150 a√Īos!

¬ęFue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos, fue la era de la sabidur√≠a, fue la era de la necedad, fue la era de la creencia, fue la era de la incredulidad, fue la estaci√≥n de la Luz, era la estaci√≥n de las tinieblas, era la primavera de la esperanza, era el invierno de la desesperaci√≥n, ten√≠amos todo por delante, no ten√≠amos nada por delante, todos fuimos directos al cielo, todos fuimos directos al cielo del otro lado… en fin, la √©poca era tan parecida al regalo, que algunas de sus m√°s ruidosas autoridades insist√≠an en que deb√≠a recibirse, para bien o para mal, s√≥lo en el grado superlativo de la comparaci√≥n.¬Ľ Libro I, Cap√≠tulo 1, La √Čpoca. (Primeras l√≠neas.)

¬ęQu√©date donde est√°s porque si cometo un error, nunca podr√° ser corregido en tu vida.‚ÄĚ Libro I, Cap√≠tulo 2, El Correo.

¬ęDurante todo el intervalo fr√≠o e inquieto, hasta el amanecer, una vez m√°s le susurraron al o√≠do al Sr. Jarvis Lorry, sentado frente al hombre enterrado que hab√≠a sido desenterrado, y pregunt√°ndose qu√© poderes sutiles se hab√≠an perdido para √©l para siempre, y cu√°les eran susceptibles de restauraci√≥n. ‚ÄĒla vieja pregunta, ‘¬ŅEspero que te importe que te devuelvan a la vida?’, y la vieja respuesta, ‘No puedo decirlo’. Libro I, Cap√≠tulo 6, El Zapatero.

¬ęPero, de hecho, en ese momento, matar era una prescripci√≥n muy popular en todos los oficios y profesiones, sobre todo en la de Tellson. La muerte es el remedio de la Naturaleza para todas las cosas, ¬Ņy por qu√© no la Legislaci√≥n? a muerte; el dador de un billete falso fue condenado a muerte¬Ľ. muerte; el abrecartas ilegal fue sentenciado a muerte; el ladr√≥n de cuarenta chelines y seis peniques fue sentenciado a muerte; el due√Īo de un caballo en la puerta de Tellson, que huy√≥ del comercio fue sentenciado a muerte; el acu√Īador de un chel√≠n malo fue sentenciado a muerte ; los emisores de tres cuartos de billetes de toda la gama Crime fueron condenados a muerte. No es que esto haya servido en lo m√°s m√≠nimo en t√©rminos de prevenci√≥n, casi hubiera valido la pena. Cabe se√Īalar que el hecho fue todo lo contrario. ‚ÄĒpero en lo que a este mundo se refiere, ha eliminado el problema de cada caso particular, y no ha dejado nada m√°s que hacer con √©l., Cap√≠tulo 1, Cinco a√Īos despu√©s.

¬ęSoy un sirviente decepcionado, se√Īor. No me preocupo por ning√ļn hombre en la tierra, y ning√ļn hombre en la tierra se preocupa por m√≠¬Ľ. Libro II, Cap√≠tulo 4, Felicitaciones.

¬ęTristemente, tristemente, sali√≥ el sol; No se present√≥ ante un espect√°culo m√°s triste que el del hombre de buenas capacidades y de buenas emociones, incapaz de su ejercicio dirigido, incapaz de su propia ayuda y de su propia felicidad, sensible a la plaga que se cern√≠a sobre √©l y resign√°ndose a dejar que la devorara. Libro II, Cap√≠tulo 5, El Chacal.

‚ÄúY qui√©n de los presentes en la recepci√≥n de Monse√Īor en aquel mil setecientos ochenta a√Īos de Nuestro Se√Īor, podr√≠a dudar, que un sistema enraizado en un verdugo rizado, en polvo y encaje de oro, bombeado y mitad de seda blanca, ver√≠a el muy estrellas!¬Ľ Libro II, Cap√≠tulo 7, Monse√Īor en la Ciudad.

¬ęLa represi√≥n es la √ļnica filosof√≠a perdurable¬Ľ. Libro II, Cap√≠tulo 9, La Cabeza de la Gorgona.

¬ęLibertad, igualdad, fraternidad o muerte; – ¬°esta √ļltima, mucho m√°s f√°cil de otorgar, oh guillotina!¬Ľ Libro III, Cap√≠tulo 5, El aserrador de madera.

¬ęYo, Alexandre Manette, m√©dico desdichado, nacido en Beauvais y luego residente en Par√≠s, escribo este melanc√≥lico art√≠culo en mi dolorosa celda de la Bastilla, durante el √ļltimo mes del a√Īo 1767. Lo escribo a intervalos robados, bajo toda las dificultades pienso esconderla en la pared de la chimenea, donde lenta y laboriosamente le he hecho un escondrijo. Alguna mano piadosa la encontrar√° all√≠, cuando yo y mis penas seamos polvo. Libro III, Cap√≠tulo 10, La Sustancia de la Sombra.

¬ęEntonces dile al Viento y al Fuego d√≥nde detenerse¬Ľ, respondi√≥ la se√Īora; ¬ępero no me digas¬Ľ. Libro III, Cap√≠tulo 12, Oscuridad.

¬ęVeo una ciudad hermosa y un pueblo brillante surgiendo de este abismo, y en sus luchas por ser verdaderamente libres, en sus triunfos y derrotas, durante mucho tiempo por venir, veo el mal de este tiempo y el tiempo antes del cual esto es el nacimiento natural, expir√°ndose y desgast√°ndose gradualmente.‚ÄĚ Libro III, Cap√≠tulo 15, Las Huellas Mueren Para Siempre.

¬ęEs mucho, mucho mejor lo que hago de lo que he hecho nunca; es un descanso mucho, mucho mejor al que voy de lo que he conocido¬Ľ. Libro III, Cap√≠tulo 15, Los Pasos Mueren para Siempre.



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