TITULO V Capítulo 12. El Punto de Encuentro



Resumen y Análisis PARTE V Capítulo 12. El Punto de Encuentro

Resumen

La novela vuelve al punto de partida, con Theo encogido en su habitación de hotel de Ámsterdam, temeroso de ser arrestado e incapaz de regresar a la ciudad de Nueva York porque su pasaporte está en el auto de Boris. Theo decide suicidarse y escribe cartas a las personas más importantes para él. En una de estas cartas a Hobie, Theo se compara a sí mismo con un cachorro enfermo. En un sueño, su madre lo visita como un “espíritu encarnado”. Cuando sale del hotel para suicidarse, aparece Boris. Boris le da a Theo una gran suma de dinero y le explica cómo planeó el regreso exitoso de el jilguero las autoridades. El dinero es parte de la recompensa de Theo.

Theo, pasaporte en mano, regresa a la ciudad de Nueva York. Le cuenta a Hobie toda la historia de el jilguero y el verdadero alcance de sus prácticas fraudulentas con las antigüedades restauradas. Acuerdan que Theo usará parte del dinero de la recompensa para recuperar las falsificaciones vendidas como originales.

Theo termina la novela en una serie de encrucijadas. Pippa le dice que lo ama, pero que solo serán amigos. La relación de Theo con Kitsey sigue sin resolverse, pero los Barbour dicen que es bienvenido a unirse a su familia cuando esté listo. Theo viaja por el mundo recomprando las antigüedades fraudulentas que vendió y considerando su vida y su futuro.

Análisis

En este capítulo final, Theo evalúa constantemente su valor personal, comparándose con cada uno de sus padres y recordando a los lectores cómo han cambiado el arte y las relaciones a lo largo de la novela. Su autoconciencia aumenta cuando piensa en suicidarse. Llega a comprender y aceptar las facetas redentora y destructiva de su carácter. Más adelante en este capítulo, Theo puede revelar sus esquemas pasados ​​​​a Hobie porque ha aceptado sus propios defectos personales.

Cuando la madre de Theo se le revela en un sueño, se refleja en un espejo; Theo piensa en ella ni muerta ni viva, sino en algún punto intermedio. Este uso del reflejo tiene un doble sentido: la imagen de su madre en el espejo la representa tanto a ella como a su pasado; existen simultáneamente.

Tartt expone un importante recurso literario en este capítulo final, el papel del narrador (Theo) al contar su propia historia. La narración en primera persona («yo») no siempre significa que el narrador es también el autor, pero Theo se refiere a sí mismo escribiendo personalmente los capítulos de la novela, lo que proyecta una sombra de inseguridad en la narración. Theo es a la vez el escritor y el narrador, elaborando el lenguaje y la historia. Como resultado de esta revelación, los lectores deben reevaluar la “verdad” de todo lo que leen.



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