Soneto 93



Resumen y Análisis Soneto 93

Resumen

En contraste con el pareado final del soneto anterior, en el que el poeta cuestiona el carácter moral del joven, el poeta ahora supone que el joven puede ser voluble sin saberlo. En este sorprendente giro, el poeta reconoce la naturaleza esencialmente bondadosa del joven, que es demasiado guapo para albergar malos impulsos: «Porque el odio no puede vivir en tus ojos». Sin embargo, en la primera cuarteta, el poeta afirma la fuerte posibilidad de ser engañado; no importa, razona, porque la belleza del joven es más importante que su carácter moral, una afirmación superficial y narcisista de que el poeta criticó al joven por creer en sonetos anteriores.

Se abandonan todas las pretensiones y el poeta acepta cierta falsedad en la relación, viviendo como víctima desprevenida, pero consciente, del engaño del joven. Como esta hipocresía afecta sólo al carácter moral del joven, no a su belleza, el poeta lo amará «cualquiera que sea su pensamiento o el funcionamiento de su corazón». Reconoce el riesgo que corre al seguir amando la apariencia del joven sin estar seguro de cuán virtuoso es el joven: «¡Como la manzana de Eva crece tu hermosura / Si tu dulce virtud no responde a tu ostentación!» Aquí, el poeta compara al joven con la manzana de Eva, un símbolo de la perfección exterior pero del vicio interior: el joven tiene una apariencia hermosa, pero puede ser devorado moralmente por el vicio.



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