soneto 60



Resumen y Análisis Soneto 60

Resumen

El soneto 60 es reconocido como uno de los mejores de Shakespeare porque trata las preocupaciones universales del tiempo y su paso. En el soneto, el tiempo está simbolizado por imágenes concretas. Por ejemplo, las dos primeras líneas presentan un símil en el que el tiempo está representado por «olas» y «minutos»: «Como las olas se abren camino hacia la orilla de guijarros, / Así nuestros minutos corren hacia el final»; aquí, la muerte es «la playa de guijarros», otra imagen concreta.

En la segunda cuarteta, el poeta lamenta la injusticia del tiempo. Un niño, «Natividad», nace y finalmente madura hasta la edad adulta, pero el adulto ahora teme el proceso de maduración a medida que crece y crece y, por lo tanto, llega al punto de la muerte o al final de la vida. El tiempo, que da la vida, ahora la quita: «Y el tiempo que dio ahora confunde su don».

La antítesis en los versos 9 a 12 es entre el poeta que envejece y la belleza juvenil. El poeta advierte: «El tiempo traspasa el florecimiento de la juventud / E investiga los paralelos en la frente de la belleza». En otras palabras, el joven actualmente es guapo, pero eventualmente aparecerán «paralelos» —arrugas—, como en el poeta. Por mucho que el joven y el poeta quisieran que la belleza residiera para siempre en el rostro del joven, «nada se sostiene sino su [time’s] hoz para cortar».

Sin embargo, el poeta promete inmortalizar la buena apariencia del joven antes de que las arrugas del tiempo aparezcan en su rostro: «Y aún en tiempos de esperanza permanecerá mi verso, / Alabando tu valor a pesar de tu mano cruel». Contrariamente a la promesa del poeta en el Soneto 19, esta garantía no incluye dar a la juventud una belleza eterna. Más aún, la «guadaña» del verso 12 recuerda el pareado final del Soneto 12: «Y nada contra la guadaña del Tiempo puede hacer defensa / Salvar la carrera, para hacerle frente cuando te lleve de aquí». Claramente al poeta ya no le preocupa que el joven tenga un hijo para asegurar la inmortalidad de su belleza. Ahora bien, los propios sonetos del poeta son la única seguridad que necesita la juventud para adquirir un valor eterno.



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