Segmento 6



Resumen y An√°lisis Segmento 6

Resumen

Como robots, los prisioneros corren. Las SS disparan a todos los prisioneros que quedan atrás. Elie casi da la bienvenida a la muerte, ya que el dolor y el frío le impiden escapar. Solo la preocupación por su padre lo mantiene caminando por un pueblo desierto y haciendo una pausa para descansar una hora después de que el anochecer dé paso a la luz. El padre de Elie lo saca de la nieve y lo lleva a una fábrica de ladrillos en ruinas y lo mantiene despierto para evitar que se congele. Los hombres yacen pisoteados o mueren congelados bajo un manto de nieve. El amable rabino Eliahou busca a su hijo en la fábrica. Elie oculta el hecho de que el hijo trató de salvarse venciendo a su padre que tropieza. Preocupado por la deslealtad de su hijo, Elie reza para que nunca abandone a su padre.

Incluso los SS parecen cansados ‚Äč‚Äčpor el interminable vuelo a trav√©s de la nieve. Al llegar a Gleiwitz, Kapos asigna a los prisioneros al cuartel. Montones de prisioneros casi aplastan a Elie, que se rasca y muerde para respirar. En la horda que lucha, escucha a su amigo Juliek, que ha tra√≠do su viol√≠n de Buna. En el cobertizo oscuro, Juliek produce un fragmento de un concierto de Beethoven. Por la ma√Īana, Juliek yace muerto junto a su viol√≠n pisoteado. Durante tres d√≠as, los presos bien custodiados no reciben comida ni agua; afuera, los sonidos de los disparos reviven las esperanzas del avance del Ej√©rcito Rojo.

Al amanecer del tercer día, Elie corre para rescatar a su padre de una selección de las SS. El desorden resultante mezcla a los sobrevivientes con las víctimas. Una vez más, Elie rescata a Chlomo. Los reclusos marchan hacia las vías del tren y se levantan a comer su ración de pan. Los guardias de las SS se divierten cuando los prisioneros comienzan a quitarse la nieve de la espalda unos a otros para saciar su sed. Más tarde esa noche, los prisioneros todavía están de pie cuando llega un convoy de vagones de ganado sin techo. Las SS presionan a cien hombres en cada automóvil y el convoy se va.

An√°lisis

La larga e inhumana huida a pie de Buna adquiere una cualidad surrealista, ya que la muerte parece preferible al tormento creciente. Elie reconoce la muerte como un paquete que se pega a su cuerpo, una presencia palpable que lo fascina, llev√°ndolo a un estado sin sentido, ¬ęsin sentir nada, ni cansancio, ni fr√≠o, nada¬Ľ. De vez en cuando, cierra los ojos y ve ¬ępasar todo un mundo, para so√Īar toda la vida¬Ľ. En un estado trastornado, se imagina a s√≠ mismo como un maestro de la naturaleza hasta que la oscuridad admite la luz de la estrella de la ma√Īana. Como una bendici√≥n, la aparici√≥n de su rel√°mpago precede al anuncio de que han corrido cuarenta y dos millas. Sumergido una vez m√°s en una lucha con un cuerpo entumecido, el narrador retrata la siniestra infernalidad de la escena: ¬ęNi un grito de angustia, ni un gemido, nada m√°s que una agon√≠a masiva, en silencio. Nadie pidi√≥ ayuda a nadie. Muri√≥. porque ten√≠as que morir. No hab√≠a ruido¬Ľ. En medio de cad√°veres endurecidos, Elie comienza a identificarse con los muertos.

La unidad de padre e hijo, motivo de la primera noche en Birkenau, insin√ļa el amor entre Abraham e Isaac en el libro del G√©nesis y crea un escenario esperanzador. Cada uno acepta despertar al otro despu√©s de una breve siesta. Elie abandona su bienvenida a la muerte, un enemigo personificado que se desliza silenciosa y pac√≠ficamente entre los durmientes, mat√°ndolos sin esfuerzo. Elie empuja a sus vecinos y despierta a Chlomo. La recompensa por la diligencia del hijo es una sonrisa espont√°nea del padre. La beneficencia de la expresi√≥n devuelve a Elie a la persona del cabalista que cuestiona. En el purgatorio de la duda, exige saber ¬ę¬ŅDe qu√© mundo vino?¬Ľ

Elie experimenta una epifan√≠a despu√©s de reconocer el comportamiento ego√≠sta del hijo del rabino Eliahou, que se adelant√≥ para distanciarse de la carga de su anciano cojo padre. Regresado, a su pesar, a la unidad con el Todopoderoso, Elie siente que se eleva una oraci√≥n a Dios y suplica fuerza para cobijar a su padre. Un incidente posterior confirma la resiliencia del esp√≠ritu humano: Juliek toca los acordes de Beethoven, una melod√≠a pura y edificante. Tan bienvenido como la sonrisa de un padre, tan rejuvenecedor como la oraci√≥n que brota espont√°neamente de un esp√≠ritu herido, la dulzura del regalo de Juliek, s√≠mbolo de todo arte, es un generoso restaurador que el violinista otorga de buen grado a sus compa√Īeros de sufrimiento. Para un cobertizo de moribundos, desliza su arco a trav√©s de las cuerdas para producir una tensi√≥n reconfortante, una canci√≥n de cuna para los moribundos. A plena luz del d√≠a, Elie reconoce las ¬ęesperanzas perdidas, su pasado carbonizado, su futuro extinto¬Ľ de Juliek.

Glosario

la estrella de la ma√Īana el planeta Venus, que es visible en el horizonte oriental justo antes del amanecer.



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