Rey Enrique IV, Parte 1



Resumen y An√°lisis Acto III: Escena 3

Resumen

Falstaff lamenta su supuesto deterioro f√≠sico como resultado de la falta de actividad desde la ¬ęacci√≥n¬Ľ de Gadshill. El franco comentario de Bardolfo sobre la corpulencia del caballero lo lleva a un ejercicio ret√≥rico, cuyo tema es la nariz llameante de Bardolfo. Cuando entra Mistress Quickly, Sir John la acusa de robarle los bolsillos y √©l se niega a pagarle el vino, la comida e incluso las facturas de la ropa. La anfitriona tiene la oportunidad de mencionar al pr√≠ncipe, despu√©s de lo cual Falstaff lo llama ¬ęJack¬Ľ y declara que lo golpear√≠a si estuviera presente.

Entra el príncipe marchando con Peto. Falstaff se une a ellos, golpeando su porra (un palo corto) como si fuera un pífano. Falstaff luego renueva su pelea con la anfitriona, pero cuando Hal le dice que él dirigió el registro de los bolsillos de Sir John, el anciano caballero la perdona magnánimamente.

Falstaff está muy aliviado de saber que todos los asuntos relacionados con el robo se han resuelto. Sin embargo, la noticia de la reconciliación de Hal con el rey apenas lo exalta, especialmente cuando se le dice que debe comandar soldados de infantería. Un serio príncipe Hal luego ordena a Bardolph, Peto y Falstaff, todos relacionados con sus servicios para oponerse a los rebeldes.

An√°lisis

La referencia de Falstaff a ¬ęesta √ļltima acci√≥n¬Ľ, un t√©rmino com√ļnmente utilizado para la actividad militar, sirve para recordar al lector la conexi√≥n entre la trama secundaria c√≥mica y la trama principal en esta cr√≥nica. Apenas se necesita el testimonio de Bardolfo para saber que Falstaff no ¬ędisminuy√≥¬Ľ, ni ¬ęcay√≥¬Ľ, ni f√≠sica ni mentalmente. √Čl es tu yo formidable. Su respuesta a sus propias preguntas que inician esta escena, completa con s√≠miles ingeniosos (¬ęcomo el vestido suelto de una anciana … como un viejo john¬Ľ) nos lo dice. Como una manzana vieja, conserva su sabor; por el contrario, no est√° arrugado. Lo hemos visto antes en un estado de aparente arrepentimiento como el que sigue, y no nos sorprende escucharlo atribuir su estado ca√≠do a ¬ęcompa√Īero, compa√Ī√≠a villana¬Ľ, como tampoco nos sorprende presenciar el repentino renacimiento de su esp√≠ritus, gracias a su recurso a la filosof√≠a hedonista. Cuando Bardolfo comenta que no puede vivir mucho tiempo, Sir John responde: ¬ęOh, eso es todo. Ven a cantarme una canci√≥n obscena; hazme feliz¬Ľ (15-16).

Pero son sus comentarios elogiosos sobre la apariencia f√≠sica de Bardolph (27-59) los que dominan la primera parte de esta escena. Este es un ejemplo insuperable de la comedia de la apariencia f√≠sica y las palabras, m√°s espec√≠ficamente la ¬ęcomedia de las narices¬Ľ (ver Rostand’s Cirano de Bergerac, en el que el h√©roe titular expone ingeniosamente sobre el tema de su propia nariz). Dicho de otra manera, se trata de un aria c√≥mica, una pieza de valent√≠a, toda la acci√≥n se detiene para dar al int√©rprete su oportunidad especial de demostrar su virtuosismo. Su evocaci√≥n de la imagen del fuego del infierno (y haciendo otra referencia b√≠blica precisa) es especialmente eficaz; en este punto suena como un predicador celoso que pone el temor del Se√Īor en los corazones de sus oyentes.

Se puede agregar un punto adicional. Falstaff ha estado suministrando vino a Bardolfo durante unos treinta y dos a√Īos, se nos dice (51-55). El elemento de tiempo, probablemente exagerado para agregar diversi√≥n, no es aplicable, pero el Falstaff de esta pieza conf√≠a en Hal para la misma cortes√≠a. As√≠, el aspecto parasitario de su personaje vuelve a recibir atenci√≥n. De hecho, el interludio que involucra a Mistress Quickly se basa en eso. Se sabe que el anciano caballero est√° victimizando a la amable anfitriona, quien le ha proporcionado bebida, comida y ropa.

En este tipo de escaramuza, o acción, ya sea con el humilde tabernero o con el mismo príncipe, Falstaff muestra una especie de genio militar. Su método es atacar; que suele ser la mejor defensa. No es irrelevante en este sentido la divertida pantomima militar cuando Hal y Peto marchan.

Falstaff no es menos competente en sus respuestas al pr√≠ncipe. Cuando la anfitriona informa que Sir John hab√≠a afirmado que Hal ten√≠a una deuda de mil libras (una fortuna en la √©poca de Shakespeare), Falstaff tiene una respuesta irrefutable: su amor por Hal vale millones. Tampoco admira al pr√≠ncipe, porque esa emoci√≥n debe reservarse para el rey. Lo remata todo al admitir t√°citamente que sus bolsillos conten√≠an s√≥lo ¬ęasentamientos de taberna, memorandos lascivos de la casa y un centavo de az√ļcar dulce¬Ľ (178-80). Le recuerda a Hal que Ad√°n, progenitor de la raza humana, ha ca√≠do de un estado de inocencia, demostrando que toda carne es d√©bil, ¬Ņy no tiene √©l, Falstaff, m√°s carne que cualquier otro hombre? Claramente, no servir√° ver a Falstaff como un s√≠mbolo de la juventud irresponsable del pr√≠ncipe Hal m√°s que para reducirlo a un solo personaje de tipo c√≥mico. √Čl es √ļnicamente √©l mismo.

Pero esto no quiere decir que su sagacidad lo absuelva de todas las faltas. Su estatus privilegiado de buf√≥n de la corte le permite incitar a Hal a ¬ęrobar … el tesoro¬Ľ de inmediato, ahora que el pr√≠ncipe est√° en buenos t√©rminos con el rey; sugerirle a Hal que le robe un caballo para que no tenga que llevar a sus soldados a pie; y elogiar a los rebeldes sobre la base de que ofenden s√≥lo ¬ęlas virtudes¬Ľ (205 ss.). Pero el curso de la vida no puede ser determinado por la atm√≥sfera de una taberna de Eastcheap, no si la seguimos con honor. A diferencia del pr√≠ncipe Hal, Falstaff no est√° dispuesto a renunciar a la vida como una larga serie de vacaciones, incluso si el destino de la naci√≥n est√° en juego. Bien en car√°cter, entonces, tiene su propia forma de animar el conmovedor llamado a las armas del pr√≠ncipe (¬ęLa tierra est√° ardiendo; Percy est√° en lo alto¬Ľ):

¬°Palabras raras! mundo valiente! ¬°Anfitriona, mi desayuno, ven!
¡Oh, desearía que esta taberna fuera mi tambor! (229-30)

Su apetito sensible debe ser satisfecho en todas las circunstancias. Y se sugiere que le gustaría trasladar la taberna al campo de batalla. Tal vez, en un sentido metafórico, hace precisamente eso.



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