: Resumen de Woman Hollering Creek y otras historias

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Cleofilas Enriqueta DeLeon Hernandez se ha casado con Juan Pedro Martinez Sanchez. El día de su boda partió hacia su nueva casa al otro lado del arroyo, a los Estados Unidos. Su padre le dijo que la amaba y que nunca la abandonaría. No tenía madre, y a veces pensaba en cómo el amor hacia un hombre se diferenciaba del amor maternal. Normalmente pensaba en esto cuando Juan Pedro no volvía a casa a dormir.

La ciudad donde se hab√≠a criado no ofrec√≠a muchos entretenimientos. A Cleofilas le gustaba mucho ver telenovelas, le gustaba la forma en que se retrataba la pasi√≥n en ellas, y muchas veces se imaginaba c√≥mo aguantar√≠a esos sentimientos. Amar a alguien con todo el coraz√≥n, sufrir por amor, Cleofilas pens√≥ que esto era lo mejor que le pod√≠a pasar a una mujer. So√Īaba con llevar vestidos, tener casa como las mujeres en la tele. Incluso su vestido de novia fue dise√Īado a partir de uno que hab√≠a visto en la televisi√≥n. Cleofilas siempre ha sido muy buena en la m√°quina de coser, e incluso sin su madre para aconsejar, sus habilidades eran bastante buenas. Hizo algunos cambios en el vestido para que se viera como en el programa.

El arroyo detrás de la casa donde se había establecido con su marido se llamaba Mujer gritando. A Cleofilas le pareció divertido llamar a un lugar tan bonito con un nombre tan triste, pero nadie en el pueblo pensó en ello; no les preocupaba, por lo que no importaba. Había dos mujeres en el barrio: Soledad y Dolores. Soledad se llamaba viuda, pero nadie sabía dónde estaba su marido. Lady Dolores también vivió, había perdido a dos hijos en la guerra, y luego a su esposo, quien había fallecido a causa del dolor. Pasó mucho tiempo en su jardín cuidando sus famosos girasoles. Ambas mujeres solían saber por qué se llamaba así al arroyo, pero ambas olvidaron estar ocupadas recordando a los hombres que amaban.

Cuando Juan Pedro la golpe√≥ en la cara por primera vez, Cleofilas estaba tan sorprendida que ni siquiera pod√≠a hablar. Siempre pens√≥ que si un hombre la golpeaba, ella se defender√≠a, como se describ√≠an estas cosas en las telenovelas, pero esta vez ni siquiera pod√≠a moverse. Cleofilas siempre pens√≥ que √©l era el hombre al que hab√≠a estado esperando toda su vida. No se parec√≠a en nada a los hombres de las telenovelas, no era alto y ten√≠a un poco de barriga por toda la cerveza que beb√≠a. A menudo era grosero con ella y nada rom√°ntico. Primero tuvo dudas de su fidelidad cuando regres√≥ a casa del hospital con su hijo en las manos y encontr√≥ sus cosas personales, como l√°piz labial, cepillo para el cabello, no como las hab√≠a dejado. Pero Cleofilas pens√≥ que todo era su imaginaci√≥n. Empez√≥ a pensar en la casa de su padre, pero sab√≠a que ser√≠a una verg√ľenza volver aqu√≠. Hab√≠a cambiado un pueblo de cotilleos por otro pueblo de cotilleos, y ambos pueblos est√°n construidos para que las mujeres dependan de sus maridos.

Cuando Cleofilas estaba embarazada de su próximo hijo, fue mordida por Juan Pedro. Lo lamentó y le pidió que no se lo dijera al médico, sino que le dijera que se había caído o resbalado. Ella prometió. Haría cualquier cosa por el bien de sus hijos. En el hospital, una mujer, que estaba haciendo su ecografía y notó todas esas marcas negras y azules, decidió ayudar a Cleofilas. Esta mujer tenía una amiga, Felice, y Felice acordó llevar a Cleofilas a San Antonio de camino a casa. Cleofilas decidió huir, haría cualquier cosa por el bien de sus hijos.

Entonces, cuando Cleofilas subi√≥ al coche de Felice y cruzaron el puente, Felice grit√≥. Cleofilas se asust√≥, pero Felice explic√≥ que siempre lo hac√≠a al cruzar este puente por el riachuelo y su nombre – Gritos, as√≠ que gritaba cada vez que iba all√≠. Cleofilas estaba asombrada. Estaba a√ļn m√°s sorprendida por el hecho de que Felice conduc√≠a una camioneta, y era la suya. Cleofilas se alegr√≥ de irse.

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