Resumen de Jim Crow

Alexander comienza su trabajo explicando que llegó a escribirlo debido a sus experiencias trabajando para la ACLU en Oakland; allí vio no sólo el prejuicio racial en el sistema de justicia penal, sino cómo el sistema en sí se construyó de manera que las personas de color fueran ciudadanos de segunda clase de la misma manera que lo hacían las leyes Jim Crow del siglo XIX y principios del XX. Los encarcelados y los ex delincuentes liberados son marginados política, económica y socialmente, formando una nueva subcasta racial.

Alexander detalla la historia de la raza en Estados Unidos, pasando de la esclavitud a la Guerra Civil, la Reconstrucci√≥n, las leyes Jim Crow y el Movimiento por los Derechos Civiles. El Movimiento obtuvo una intensa reacci√≥n que los pol√≠ticos conservadores unieron para ganar votos e implementar una nueva separaci√≥n racial, aunque m√°s sutil. En la d√©cada de 1980, Reagan comenz√≥ la Guerra contra las Drogas no basada en estad√≠sticas correctas sobre el uso de drogas (personas de todas las razas usan, compran y venden drogas aproximadamente al mismo ritmo) sino para apaciguar a los blancos. La ret√≥rica de la ¬ęley y el orden¬Ľ se convirti√≥ de rigeur incluso entre los pol√≠ticos liberales; nadie quer√≠a ser suave con el crimen, especialmente cuando los medios de comunicaci√≥n criticaron historias sensacionales sobre ¬ęprostitutas adictas¬Ľ en los peri√≥dicos y televisores. Incluso Clinton fue responsable de algunas de las leyes antidrogas m√°s duras que perjudicaron a las comunidades negras que ya sufr√≠an el colapso econ√≥mico.

El encarcelamiento masivo es la puerta de entrada al Nuevo Jim Crow, el concepto de Alexander para comprender c√≥mo las personas negras, en particular, carecen de derechos reales de ciudadan√≠a. Las fuerzas del orden tienen casi carta blanca para detener a las personas en los autom√≥viles y en las calles mientras afirman que no es por razones racistas. Si bien las estad√≠sticas muestran que el perfil racial existe y no refleja las tasas reales de criminalidad, contin√ļa sin cesar. Las fuerzas del orden recibieron muchos incentivos para llevar a cabo estas detenciones, como financiamiento federal, capacitaci√≥n y la capacidad de mantener el efectivo y los activos incautados.

Los arrestados por drogas rara vez obtienen un juicio agradable y ordenado que se ve en televisión o en películas. La mayoría de los arrestados pobres no pueden pagar un abogado decente. Los mínimos obligatorios en la sentencia conducen a sentencias absurdamente desproporcionadas. La libertad condicional y la libertad condicional son casi imposibles de cumplir, lo que lleva a la mayoría de los infractores a la cárcel.

El daltonismo oficial de las leyes y de los fallos de la Corte Suprema facilitan este sistema. Los castigos suelen ser altos porque, si bien se supone que la selección del jurado también es daltónica, está impregnada de racismo implícito en términos de a quién eligen los abogados como miembros del jurado.

Cuando una persona sale de la c√°rcel, la sociedad ciertamente no parece considerar su deuda pagada porque entrar√° inmediatamente en una sociedad dura e inflexible empe√Īada en mantenerla subordinada y marginada. La mayor√≠a de los delincuentes no pueden obtener viviendas p√ļblicas y no pueden votar. La mayor√≠a no son elegibles para recibir asistencia p√ļblica como cupones de alimentos. La mayor√≠a tiene problemas para encontrar trabajo porque ¬ęmarcar la casilla¬Ľ equivale a ni siquiera molestarse en postularse. Adem√°s, la verg√ľenza y el estigma asociados a ser un delincuente son psicol√≥gicamente opresivos.

Con todos los datos muy claros sobre lo que está sucediendo, parece que más estadounidenses deberían al menos estar molestos por lo que está sucediendo. Desafortunadamente, la negación y la ignorancia deliberada ciegan a la mayoría de los estadounidenses ante esta realidad. Cambiar las cosas sería increíblemente difícil, y el lenguaje del daltonismo hace que la gente dude de que de todos modos esté sucediendo algo realmente serio. Décadas (si no siglos) de estereotipos, explotación política inteligente y embellecimiento u ofuscación de los medios de comunicación han contribuido a este lamentable estado de cosas.

Alexander se asegura de aclarar que no cree que las similitudes entre Jim Crow y New Crow sean absolutas; hay varias diferencias, aunque no son tan marcadas como se podría pensar inicialmente. Las similitudes incluyen la explotación del resentimiento blanco; lenguaje y leyes daltónicos; privación del derecho a voto y exclusión de los jurados; segregación racial de barrios; cierre de los tribunales; discriminación legalizada; y la propia definición de raza. Las diferencias incluyen la falta de indignación y activismo en la actualidad y el racismo y la violencia menos abiertos en la actualidad.

Muchos afroamericanos adoptan una ideolog√≠a de ¬ęelevaci√≥n¬Ľ o tratan de operar dentro del sistema, pero incluso a los que se comportan mejor les resulta imposible cumplir con los est√°ndares absurdos de los blancos estadounidenses. Alexander nos exhorta a ser compasivos y racionales en la forma en que tratamos a nuestros semejantes.

En el capítulo final, Alexander analiza por qué las organizaciones de derechos civiles hoy en día no se enfocan en el encarcelamiento masivo, explicando que prefieren trabajar en la acción afirmativa y no se preocupan por este tema moral, más que legal. La acción afirmativa ni siquiera es digna de trabajar porque no es un cambio real; es solo cosmético.

El objetivo del libro no es proporcionar m√©todos detallados para ¬ęresolver¬Ľ esta crisis, pero Alexander expone varias de las cosas que deber√°n cambiarse: el sistema de prisiones privadas, los perfiles e incentivos de las fuerzas del orden p√ļblico y nuestra conciencia p√ļblica. Ser√° abrumadoramente dif√≠cil, pero se debe mantener la conversaci√≥n y se deben hacer los cambios. A nadie le gusta hablar de raza, pero es la √ļnica forma en que podemos ir m√°s all√° de la ret√≥rica enga√Īosa y dalt√≥nica que tenemos actualmente hacia un futuro real y equitativo.

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