Reseña del Libro X



Resumen y Reseña del Libro X: Reseña del Libro X

Parece adecuado que el libro final de la principio moral debe dedicarse a una discusión sobre el placer y su lugar en la buena vida. Como señalamos anteriormente, se hizo referencia a este tema en algunos de los libros anteriores, pero había preguntas que aún quedaban y fue con el objetivo de aclararlas que volvió al mismo tema. Que el placer ocupaba un lugar muy importante en la concepción aristotélica de la buena vida puede verse en el hecho de que siempre está asociado a la realización de la virtud. De hecho, sostiene que no alcanzas la excelencia en la formación del carácter hasta que llegas al punto en que disfrutas genuinamente de aquellas actividades que te permiten vivir tu mejor vida. Es cierto que a este punto no se llega de golpe, pues requiere un largo período de disciplina en el que se entrena a subordinar los placeres del momento para alcanzar los más duraderos que tienen que ver con la vida en su conjunto. Durante este período disciplinario, la persona puede estar progresando hacia la buena vida, pero no ha llegado plenamente hasta que disfruta más de todos los bienes que son más duraderos.

Si el placer es algo que siempre es bueno fue un tema controvertido en la época de Aristóteles. Hubo quienes sostuvieron que el placer no es solo un bien en sí mismo, sino que es la norma o estándar por el cual se puede determinar la bondad de cualquier otra cosa. De acuerdo con este punto de vista, la buena vida es la vida placentera, y para que una persona viva de la mejor manera posible, debe esforzarse por obtener tanto placer como pueda en la vida como un todo. Al mismo tiempo, había otros que tenían una opinión opuesta. Consideraban los placeres como malos y condenaban a quienes los convertían en un fin en sí mismos, insistiendo en que vivían como los animales inferiores y no como los seres humanos. Aristóteles no apoya ninguno de estos puntos de vista. Muestra que ambos se basan en una noción confusa sobre la naturaleza real del placer. Su discusión sobre el placer como una actividad completa saca a la luz el importante hecho de que el placer no es una sustancia que existe por sí misma independientemente de las actividades. Más bien, es un atributo y no una cosa. Es algo que puede o no acompañar a las actividades, pero no debe identificarse con ninguna actividad en sí. Las actividades en las que uno puede participar pueden ser buenas o malas. Si el placer acompaña a estas actividades, naturalmente las hará más atractivas, y esto significa que el placer puede contribuir a fines buenos o malos. Sólo en este sentido estamos justificados para llamar buenos o malos a los placeres. De hecho, no es el placer lo que es bueno o malo, sino las diversas cosas con las que está asociado. Es cierto que el placer puede aumentar los valores de las actividades que son buenas, y es en este sentido que el placer puede considerarse bien con razón.

Se aclara aún más la posición de Aristóteles sobre el placer cuando distingue entre placer y felicidad. Si bien estos términos a veces se han usado indistintamente, ayuda a evitar confusiones si uno usa el término felicidad para se refieren a los placeres asociados con la virtud y que acompañan los procesos que contribuyen al desarrollo armonioso de toda la personalidad de una persona. El placer puede entonces referirse a aquellas diversiones y actividades que están más directamente relacionadas con el aspecto físico del ser. Cuando los términos se usan de esta manera, es la felicidad y no el placer lo que siempre puede considerarse bueno. Es en este sentido que Aristóteles se refiere a la contemplación como la actividad que puede proporcionar el mayor grado de felicidad. La razón de esto es que la mente está enfocada en lo eterno, mientras que en otras actividades está enfocada en lo temporal.

El libro termina con algunas referencias a la relación entre ética y política. La opinión de Aristóteles se puede resumir en la breve declaración de que «la sociedad política existe por el bien de la vida».



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