Resumen del libro Mansiones verdes, de W.H. Hudson

Resumen del libro

Un oficial brit√°nico en Georgetown, Guayana Brit√°nica, tras la muerte del ¬ęSr. Abel¬Ľ, se siente obligado a publicar la historia de las aventuras de su amigo. Es, por tanto, el narrador en el pr√≥logo de Mansiones Verdes. El ingl√©s explica c√≥mo finalmente se gan√≥ la amistad de Abel Guevez de Argensola para que le revelara el secreto de su misterioso pasado, la c√°mara oscura de su casa y la urna que conten√≠a las cenizas.

A lo largo de los veintid√≥s cap√≠tulos de mansiones verdes, El mismo Abel narra su historia cronol√≥gicamente, y el funcionario del gobierno desaparece por completo de la trama. Abel ten√≠a 23 a√Īos cuando estaba a punto de huir de Venezuela luego de que fracasara un complot para derrocar al gobierno. Abel, implicado en el golpe fallido, cambi√≥ de opini√≥n acerca de abandonar el pa√≠s y decidi√≥ en cambio cumplir un sue√Īo de la infancia de explorar los bosques ind√≥mitos al sur del r√≠o Orinoco. Su prop√≥sito al visitar este desierto primitivo tambi√©n es materialista al principio porque quiere encontrar oro. Sufriendo mucho por las dificultades del terreno, Abel est√° a√ļn m√°s consternado al darse cuenta de que los nativos no tienen objetos de oro en su poder y que no puede descubrir ning√ļn dep√≥sito de oro.

Al llegar a un pueblo ind√≠gena en la sierra de Parahuari, Abel es recibido por los ind√≠genas y causa una buena impresi√≥n en Runi, el jefe, con el regalo de un encendedor, su √ļnica baratija valiosa que le queda. La bienvenida de Abel se vuelve entonces m√°s generosa con la invitaci√≥n de los indios a unirse a la bebida. cazuela, una bebida alcoh√≥lica Despu√©s de esta iniciaci√≥n, Abel es recibido hospitalariamente por todos los Parahuari, especialmente Cla-cla, madre de Runi, y Kua-k√≥, un valiente joven de la tribu. Abel poco a poco acepta su nueva forma de vida y comienza a apreciar las bellezas de este para√≠so salvaje de la naturaleza.

Despu√©s de tres semanas, Abel comienza a explorar los bosques solo. Inmediatamente es golpeado por los √°rboles en una arboleda cerca de la monta√Īa de Ytaioa. Los √°rboles se convierten para Abel en las ¬ęmansiones verdes¬Ľ, donde se siente muy feliz en el solitario entorno natural. Los indios, sin embargo, no est√°n satisfechos con el relato de Abel sobre su visita al bosque; Runi, el jefe, le advierte que no vuelva all√≠. Abel se sorprende de que nunca entren en esa zona en particular para cazar o vagar. Fascinado por lo desconocido y misterioso, Abel hace m√°s visitas a las ¬ęmansiones verdes¬Ľ y est√° particularmente encantado por la melod√≠a de un p√°jaro cuyo sonido recuerda un poco a una voz humana.

Kua-k√≥ advierte a Abel que un esp√≠ritu maligno habita en el bosque, y el astuto salvaje comienza a ense√Īarle a Abel el uso del soplete, el arma a trav√©s de la cual los Parahuaris lanzan flechas envenenadas en el juego – y a sus enemigos. Abel pronto se da cuenta de dos factores relacionados que dan forma a su futuro: un ser inteligente vive en el bosque y los parahuaris quieren que mate a la ¬ęhija de Didi¬Ľ con la cerbatana. Durante una de sus frecuentes excursiones al bosque, Abel est√° a punto de matar a una serpiente cuando aparece una hermosa joven para protegerla. Abel se asombra al ver la forma en que la serpiente protege a la ni√Īa, enrosc√°ndose en uno de sus tobillos. Sin embargo, Abel se olvida de la serpiente cuando intenta acercarse a la ni√Īa y es mordido por la serpiente. Temiendo morir pronto, Abel corre hacia el pueblo indio cuando se desata una tormenta. Se pierde, cae y pierde el conocimiento.

Al revivir, Abel se encuentra en la choza de Nuflo, un anciano, quien dice que Rima, la ni√Īa p√°jaro, es su nieta. La ni√Īa es t√≠mida en el interior, y Abel no puede asociar su anterior impresi√≥n de √©xtasis de ella con su entorno actual. Aunque Rima es m√°s habladora en el bosque, permanece t√≠mida con Abel mientras √©l trata de expresar su amor por ella. Nuflo y Abel, si bien no pelean abiertamente, se retan en sus constantes discusiones: el anciano se resiste a hablar sobre su pasado y el de Rima, y ‚Äč‚ÄčAbel constantemente hace preguntas sobre el pasado de la pareja. Abel tambi√©n descubre que Nuflo, en contra de los deseos de Rima, mata animales para probar el sabor de la carne. Enojado por la fuga de Rima de su presencia, Abel deja el bosque para pasar unos d√≠as con los Parahuaris. Sin embargo, se sorprende al descubrir que han abandonado su campamento para visitar a algunos vecinos. Solo Cla-cla, demasiado d√©bil para los rigores del viaje, se queda atr√°s, y ella y Abel disfrutan de una velada junto al fuego, cantando y hablando.

La ira de Abel por los extra√Īos rechazos de Rima pronto se desvanece y se apresura a regresar a las ¬ęmansiones verdes¬Ľ para ver a Rima, a pesar de las s√ļplicas de Cla-cla de quedarse en el pueblo de Parahuari. Atrapado nuevamente en una tormenta despu√©s de ir en la direcci√≥n equivocada, Abel es salvado por Rima, quien ha estado esperando fielmente en el bosque a que regrese. Rima, aunque a√ļn no puede declarar su evidente amor por Abel, es m√°s comunicativa con el joven y pasan un d√≠a en la cima de la monta√Īa Ytaioa. Abel intenta contarle a la ni√Īa sobre los vastos territorios del mundo exterior y le se√Īala la paz interior que existe en las aisladas ¬ęmansiones verdes¬Ľ. Rima, sin embargo, tiene curiosidad por conocer de primera mano los lugares de inter√©s m√°s all√° del bosque. Finalmente explica que su anhelo abrumador es conocer al pueblo de su madre, con quien podr√≠a conversar en el lenguaje de los p√°jaros.

A pesar de su esfuerzo por explicar suavemente la verdad sobre la probable aniquilaci√≥n de su tribu, Abel menciona las monta√Īas de Riolama, que Rima reconoce como el lugar al que pertenec√≠a su madre. R√°pidamente desciende a Ytaioa para rega√Īar a Nuflo por ocultar la ubicaci√≥n de Riolama y hacer planes para un viaje all√≠. Abel sigue tristemente a Rima porque teme que el idilio de las ¬ęmansiones verdes¬Ľ se est√© acabando, o al menos afrontando una crisis.

Nuflo est√° furioso por la menci√≥n de Abel a Riolama, pero el anciano, por temor a las oraciones de Rima por su futura salvaci√≥n, se ve obligado a emprender el viaje. A cambio de su participaci√≥n en la expedici√≥n, Abel exige que Nuflo diga la verdad sobre su pasado y el de Rima. Al visitar a Parahuari para desviar cualquier sospecha salvaje sobre la ausencia planeada del monte, Abel es tratado como un prisionero y tiene que huir del pueblo para unirse a sus dos compa√Īeros.

Durante el viaje a Riolama, Nuflo le revela lentamente a Abel la historia de su relaci√≥n con Rima. Nuflo, miembro de una banda de bandidos, se encontr√≥ por casualidad con una mujer herida que estaba embarazada. La llev√≥ al asentamiento de Voa, donde naci√≥ su hija, Rima. El ni√Īo, como la madre, hablaba un misterioso lenguaje de p√°jaros que Nuflo no pod√≠a entender. Cuando su madre muri√≥, Nuflo llev√≥ a Rima a las ¬ęmansiones verdes¬Ľ, y la ni√Īa, enferma por el clima de Voa, se hizo saludable viviendo cerca de la naturaleza. Rima, que protege la vida del bosque, es odiado por los indios porque les impide matar p√°jaros y animales.

Cuando el grupo llega a Riolama, Abel intenta explicarle a Rima que la tribu de la ni√Īa probablemente fue asesinada por nativos en guerra y que su madre fue la √ļnica sobreviviente. Rinia, conmovida por la explicaci√≥n de la tragedia, se desmaya. Ella recurre a Abel en busca de amor y protecci√≥n cuando revive. En lugar de volver a las ¬ęmansiones verdes¬Ľ con Nuflo y Abel, la ni√Īa decide volver sola para preparar ropa para ella y una recepci√≥n m√°s adecuada para Abel. Aturdido por esta repentina decisi√≥n, Abel reacciona con demasiada lentitud para evitar que la ni√Īa se vaya.

Abel y Nuflo reanudan su dif√≠cil viaje e inmediatamente sospechan un desastre cuando la caba√Īa de Nuflo se encuentra quemada hasta los cimientos. En busca de Rima en el bosque, Abel se vuelve m√°s aprensivo cuando uno de los indios, que nunca se atrevi√≥ a entrar en las ¬ęcasas verdes¬Ľ, aparece y lo conduce confiado al pueblo de Parahuari. Despu√©s de que Runi rega√Īa a Abel ante los dem√°s salvajes, el joven explica de manera convincente que solo hab√≠a salido del campamento en busca de oro. Abel termina convenciendo a Kua-k√≥ para que explique lo que le pas√≥ a Rima. Los Parahuaris, al darse cuenta de que el bosque ya no estaba protegido por los Rima, comenzaron a cazar en el territorio. Un d√≠a atraparon a Rima que regresaba en un √°rbol. Encendieron un fuego alrededor del √°rbol y Rima se zambull√≥ hasta morir en las llamas, llamando a Abel mientras ca√≠a.

Sin poder dormir tras escuchar la tr√°gica historia, Abel intenta huir de los ind√≠genas; pero Kua-k√≥ lo persigue y Abel mata al salvaje. Abel va al campamento de Managa, enemigo de Runi, y conduce a estos indios en una masacre de los Parahuari. La vista del Cla-cla muerto revive los mejores instintos de Abel, y huye al escondite de Nuflo, donde encuentra al anciano asesinado por salvajes merodeadores. Abel intenta vivir solo, pero se da cuenta de que se va a volver loco por los recuerdos de Rima asociados con las ¬ęmansiones verdes¬Ľ. Busca y encuentra los restos de Rima, decidido a regresar a la civilizaci√≥n, donde puede rendir homenaje silencioso a Rima por el resto de su vida.

Aunque Abel es débil y el viaje es largo, eventualmente llega a Georgetown, donde se recupera y se establece como una figura respetable, pero de orígenes misteriosos e inexplicables.

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