Libros II-III



Resumen y An√°lisis Parte 3: Marius: Libros II-III

Resumen

En el barrio alrededor del Templo vive un personaje curioso. M. Gillenormand, vestigio de otro tiempo. Sus noventa a√Īos no han disminuido en nada su vigor. Camina en l√≠nea recta, bebe con gusto, habla en voz alta, duerme profundamente, ronca vigorosamente. Ha renunciado a las mujeres, pero no sin algunos arrepentimientos persistentes. Cuando una ex ama de llaves intenta afirmar que es el padre de su hijo, lo niega categ√≥ricamente, pero de todos modos paga la manutenci√≥n del ni√Īo y, m√°s tarde, la de su hermano menor.

Es autoritario y no tolera las contradicciones. Todav√≠a golpea a sus sirvientes en la gran tradici√≥n e incluso castiga a su hija soltera de cincuenta a√Īos. Mantuvo el cinismo de la Ilustraci√≥n sobre el mundo. Europa, para √©l, es una versi√≥n civilizada de la jungla. Por supuesto, encuentra la sociedad contempor√°nea particularmente repulsiva. Declara perentoriamente: ¬ęLa Revoluci√≥n es una pandilla de p√≠caros¬Ľ.

M. Gillenormand sobrevivi√≥ a la mayor√≠a de sus parientes. Todav√≠a tiene, como acabamos de mencionar, una hija solterona, una criatura mediocre. En su juventud so√Īaba con un marido rico y prominente, un mayordomo imponente. Ahora se ha convertido en una mojigata e intolerante. Defiende con una pesada fortaleza de ropa una virtud no amenazada. Ocupa su d√≠a con pr√°cticas religiosas, reza oraciones especiales, pertenece a la Asociaci√≥n de la Virgen y venera al Sagrado Coraz√≥n. Adem√°s, es abominablemente est√ļpida.

Su hermana menor, ahora muerta, era exactamente lo contrario. Respir√≥ poes√≠a, flores y luz, so√Ī√≥ con enamorarse de un heroico caballero remoto y se cas√≥ con el hombre de sus sue√Īos. Dej√≥ un hijo, Marius, que vive con M. Gillenormand. Marius es un ni√Īo sensible que tiembla ante su rudo abuelo, quien le habla con severidad y en ocasiones le levanta el bast√≥n. En secreto, sin embargo, M. Gillenormand adora al ni√Īo.

Aunque el ni√Īo vive al cuidado de su abuelo, no es hu√©rfano. Su padre vive en circunstancias muy precarias en el peque√Īo pueblo de Vernon. Pr√°cticamente un ermita√Īo, tiene una sola ocupaci√≥n:

el cultivo de un magnífico jardín.

Este retiro humilde y pac√≠fico, sin embargo, es la conclusi√≥n conmovedora de una existencia tempestuosa. El padre, Georges Pontmercy, fue durante la mayor parte de su vida un soldado en el ej√©rcito de Napole√≥n. Tuvo una carrera heroica, destac√°ndose en todas las campa√Īas del Emperador. Captur√≥ un barco brit√°nico, result√≥ gravemente herido y gan√≥ la m√°s alta condecoraci√≥n militar. En el desastre de Waterloo; alcanz√≥ la cima de la valent√≠a al capturar la bandera del batall√≥n de Lunebourg. El emperador, encantado, grit√≥: ¬ęTe hago coronel, bar√≥n, oficial de la Legi√≥n de Honor¬Ľ.

La Restauraci√≥n no vio con buenos ojos a uno de los partidarios m√°s leales de Napole√≥n, y Pontmercy se jubil√≥ con medio salario. Peor a√ļn, el reaccionario M. Gillenormand lo detesta, lo llama ¬ębandido¬Ľ y lo presiona para que entregue a su hijo bajo la amenaza de repudiarlo. Marius sabe que tiene un padre, pero le es completamente indiferente. De la desaprobaci√≥n que evoca su nombre en su entorno realista, concluy√≥ que su padre es un hombre del que avergonzarse.

Est√° tr√°gicamente equivocado. Georges Pontmercy no fue solo un soldado heroico, es un padre amoroso. Incapaz de soportar la separaci√≥n total de su hijo, llega peri√≥dicamente a Par√≠s y se cuela en St. Sulpice para asistir a su hijo a Misa. Su sacrificio le trajo un poco de consuelo. Se hizo amigo del p√°rroco de Vernon, M. l’abb√© Mabeuf. Este sacerdote es hermano del director de St. Sulpice, quien not√≥ a Pontmercy, sus cicatrices y sus l√°grimas durante sus visitas secretas a la iglesia. En una visita a su hermano en Vernon, Mabeuf reconoce a Pontmercy; los dos hermanos visitan al coronel y conocen su historia. Esa confianza cre√≥ una amistad basada en la admiraci√≥n mutua.

En 1827, Marius acaba de cumplir diecisiete a√Īos. Una noche, cuando llega a casa, su abuelo le entrega una carta.

‚ÄĒ Marius, dice M. Gillenormand, debes ir ma√Īana a Vernon.

– ¬ŅPor qu√©?

“Para ver a tu padre.

El coronel est√° enfermo y pide ver a su hijo. Marius no tiene muchas ganas de ir porque siente que su padre lo ha abandonado. Sin embargo, se va a Vernon al d√≠a siguiente. Sin embargo, es demasiado tarde. Georges Pontmercy ha muerto. Marius no est√° angustiado: s√≥lo siente la tristeza que provoca la muerte de cualquier extra√Īo. Se marcha 48 horas despu√©s, llev√°ndose consigo una nota, el √ļnico legado de su padre.

La nota dice: ¬ęA mi hijo: el Emperador me ha nombrado bar√≥n en el campo de batalla de Waterloo. Mientras la Restauraci√≥n cuestiona el t√≠tulo que obtuve con mi sangre, mi hijo lo aceptar√° y lo llevar√°. No hace falta decir que ser√° digno¬Ľ. de eso.‚ÄĚ En el reverso, el coronel a√Īade: ¬ęEn la misma batalla de Waterloo, un sargento me salv√≥ la vida. El hombre se llama Th√©nardier. √öltimamente, creo que ha gestionado una posada cerca de Par√≠s, en Chelles o Montfermeil. Si mi hijo lo conoce , √©l ser√° tan √ļtil como pueda¬Ľ.

Un d√≠a, la indiferencia de Marius hacia su padre se ve sacudida por un encuentro casual con el director de la iglesia que conoc√≠a y admiraba a Georges Pontmercy. Una conversaci√≥n casual trae a Marius la importante revelaci√≥n del amor desinteresado de su padre y la explicaci√≥n de su aparente abandono. Mario est√° at√≥nito. Al d√≠a siguiente, le pide permiso a su abuelo para salir por tres d√≠as. Lo que hace se explicar√° m√°s adelante. De regreso, va directo a la biblioteca y pregunta por la colecci√≥n de peri√≥dicos. Le Moniteur. La devora a ella y todo lo dem√°s que puede leer sobre la Rep√ļblica y el Imperio. Casi nunca llega a casa. El anciano, a juzgar por su propio pasado, sospecha una historia de amor. Este Est√° algo como eso. Marius comenz√≥ a adorar a su padre.

Su agitaci√≥n emocional va acompa√Īada de una transformaci√≥n en sus puntos de vista pol√≠ticos. La Revoluci√≥n, que en el pasado le pareci√≥ uno de los cap√≠tulos m√°s oscuros de la historia, ahora lo impresiona con su batalla por los derechos civiles de las masas; el Imperio se convierte en el abanderado de la democracia en Europa. Asimismo, Marius reconsidera sus ideas sobre Napole√≥n, que deja de ser el monstruo de la infancia de Marius y se convierte en el victorioso capit√°n que barri√≥ con los √ļltimos restos del Antiguo R√©gimen. Una noche tormentosa, abrumado por la majestuosidad de la hora, Marius completa su conversi√≥n con la ferviente exclamaci√≥n: ¬ę¬°Viva el Emperador!¬Ľ Ahora es enteramente hijo de su padre; va a una imprenta en el Quai des Orfevres y pide tarjetas de visita con la inscripci√≥n ¬ęBaron Marius Pontmercy¬Ľ.

Al mismo tiempo, Marius se aleja de su abuelo. Siempre lo encontr√≥ desagradable; ahora su disgusto se vuelve m√°s espec√≠fico. Culpa al anciano por el est√ļpido prejuicio que lo priv√≥ del amor de un padre. Se vuelve distante y fr√≠o y, a menudo, realiza viajes cortos fuera de casa. Durante uno de ellos, va a buscar a Th√©nardier, el salvador de su padre, pero Th√©nardier ha quebrado, la posada est√° cerrada y su due√Īo ha desaparecido.

Las ausencias periódicas de Marius despertaron la curiosidad de mademoiselle. Gillenormand, especialmente porque huele un jugoso escándalo. Ella envía a otro sobrino, Théodule, que nunca conoció a su primo, para averiguar qué está tramando Marius. Théodule no obedece, pero accidentalmente se encuentra en el mismo carruaje y viaja con Marius a Vernon.

En Vernon, los dos j√≥venes se bajan del carruaje y Marius compra un hermoso ramo a un vendedor de flores. Th√©odule lo sigue, con la esperanza de observar un tierno encuentro. En cambio, encuentra un t√™te-√†-t√™te sombr√≠o con una tumba. Marius llev√≥ sus flores a una cruz en la que est√° inscrito el nombre ¬ęCoronel Baron Pontmercy¬Ľ.

Théodule no informa lo que descubrió, pero luego, M. Gillenormand investiga la habitación de Marius y descubre la nota de Pontmercy para su hijo y las tarjetas de presentación. Cuando Marius regresa, hay una confrontación acalorada y se intercambian palabras amargas, palabras demasiado amargas para olvidar. Marius se va de su casa para siempre. Con treinta francos en el bolsillo, su reloj, algo de ropa y sólo planes vagos en mente, se dirige al Barrio Latino.

An√°lisis

M. Gillenormand es un ser humano excepcional, tan duro para un anciano como Gavroche para un ni√Īo, pero en un √°mbito social muy diferente. Gavroche pertenece a los barrios marginales del siglo XIX, el octogenario a los salones del siglo XVIII, y todo en √©l, desde sus blasfemias hasta las cortinas de su cama, respira la atm√≥sfera de otro tiempo. Tiene todas las virtudes de las clases altas del siglo XVIII, su elegancia, alegr√≠a y encanto, y su peor defecto: el insensible ego√≠smo de clase. M. Gillenormand no es, sin embargo, cruel ni mezquino; es generoso con el dinero, lo suficientemente amable para mantener a dos cabrones que ni siquiera son suyos, y de hecho √©l y su nieto son muy parecidos. Desafortunadamente, sus diferencias irritan puntos particularmente sensibles. La actitud de Marius hacia sus semejantes, como veremos, es m√°s fraternal que patriarcal; √©l cree que es una virtud sentir fuerte, mientras que el Sr. Gillenormand piensa que es de mal gusto. El ego√≠smo de la juventud es tan obstinado como el ego√≠smo de la vejez.

Aun as√≠, ninguna separaci√≥n se habr√≠a producido entre ellos, salvo por un accidente de la historia. M. Gillenormand siente un horror emocional por todo lo que tenga que ver con la Revoluci√≥n, y Marius no puede soportar negar por segunda vez a un padre al que ya ha descuidado sin darse cuenta. Como muchos franceses de su edad, Marius y su abuelo se encuentran repentina y lamentablemente en lados opuestos del abismo cada vez mayor entre el Antiguo R√©gimen y la joven Rep√ļblica.



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