Libro I



Resumen y An√°lisis Parte 1: Fantine: Libro I

Resumen

En 1815, M. Charles Fran√ßois-Bienvenu Myriel es obispo de Digne desde hace nueve a√Īos. Tiene setenta y cinco a√Īos y vive con una sola hermana, Baptistine, diez a√Īos menor que √©l, y una anciana sirvienta, Madame Magloire, de la misma edad que su hermana.

La formaci√≥n del obispo lo destin√≥ a una carrera mundana. Su padre era asesor del Parlamento de Aix y estaba preparando a su hijo para que fuera su sucesor. El joven se cas√≥ a los dieciocho a√Īos y era una figura impresionante en la sociedad. Pero la Revoluci√≥n cambi√≥ su destino. El exilio, la muerte de su esposa, la destrucci√≥n del viejo orden, tal vez alg√ļn dolor privado, devolvieron al Sr. Myriel por el sacerdocio.

M. Myriel se convirti√≥ en un sacerdote de inefable bondad. Su nombramiento como obispo por Napole√≥n fue una bendici√≥n para su di√≥cesis. Entreg√≥ su vasto y suntuoso palacio a los enfermos y convirti√≥ el hospital en su propia residencia espartana. El √ļnico lujo que ha conservado de un pasado m√°s acomodado son unas cuantas piezas de plata: seis cuchillos y tenedores, un cuchar√≥n de sopa y dos candelabros.

No s√≥lo los recursos de la iglesia, sino la mayor parte de los suyos propios, se utilizan en beneficio de los indigentes. De un salario de 15.000 francos, 14.000 francos van a la caridad. Por el bien de los pobres, el obispo arriesga voluntariamente su reputaci√≥n. Pide fondos para el mantenimiento de un carruaje, arriesg√°ndose a las cr√≠ticas por esta extravagancia, para dar el dinero a hu√©rfanos y exp√≥sitos. Su sacrificio no le impide visitar su reba√Īo a pie, en burro o en alg√ļn otro medio de transporte modesto. Incansablemente atiende a los enfermos, consuela a los moribundos y predica la vida moral. No exige lo imposible y nunca condena precipitadamente. Su puerta de entrada siempre est√° abierta, una invitaci√≥n perpetua para cualquiera que lo necesite.

S√≥lo unos pocos eventos interrumpen su santa rutina diaria. En una ocasi√≥n, consuela a un convicto durante su √ļltima noche en la tierra y observa su ejecuci√≥n. La experiencia lo deja con una persistente impresi√≥n de horror y dudas sobre el orden social.

Los deberes pastorales del obispo lo involucran en otra experiencia que ilustra su celo inquebrantable. Ansioso por visitar un pueblo parroquial aislado, se aventura solo en las monta√Īas donde el bandido Cravatte tiene su escondite. En el pueblo quiere cantar un Te Deum, pero encuentra que la parroquia es demasiado pobre para proporcionar los adornos episcopales necesarios para el servicio. La ayuda llega de una fuente inesperada: el ladr√≥n Cravatte te env√≠a un cofre lleno de tesoros que rob√≥ de otra iglesia, Notre Dame de Embrun. El obispo los usa para su servicio, pero nos queda en suspenso si los devuelve a Embrun o los vende y entrega los fondos al hospital.

Humilde con los desfavorecidos, M. Bienvenu (como lo llaman sus feligreses por su bondad hacia ellos) puede ser agudo con los ricos complacientes. Refuta el materialismo amoral de un senador con un sermón sarcástico, un elogio irónico.

Sin embargo, su ironía está reservada exclusivamente para los egoístas y trata a los oponentes honorables con consideración y cortesía. Al enterarse de la grave enfermedad de C., miembro de la Convención de 1793 que envió a tantos a la guillotina, se sintió obligado a hacerle una visita pastoral y, en una larga conversación marcada por el respeto mutuo, los dos sostuvieron que la Revolución era valioso. Con insólita comprensión, el obispo reconoce sus méritos y, en una inversión de papeles, concluye pidiendo la bendición del convencionalista.

An√°lisis

A menudo sucede que las primeras líneas de un libro marcan el tono del conjunto. Aquí, es el obispo de Digne quien marca el tono espiritual para Los Miserables.

Un hombre o una mujer verdaderamente buenos es uno de los personajes m√°s dif√≠ciles de representar para un escritor de manera convincente. Tenga en cuenta que al describir al obispo, Hugo no nos dice simplemente ¬ęEste hombre es un santo¬Ľ. En cambio, nos lo presenta gradualmente y nos deja sacar nuestras propias conclusiones. Primero aprendemos lo que la gente dice sobre su pasado. As√≠ lo vemos en acci√≥n, regalando su palacio y sus rentas; y lo o√≠mos hablar, simple y sabiamente a sus feligreses, alegremente a su hermana, ingeniosamente a los grandes. En los cap√≠tulos 5-9, profundizamos en su vida privada y aprendemos que vive tan modestamente en su dormitorio como lo hace en p√ļblico, y que su hermana y sirviente lo aman y lo veneran incluso m√°s que sus feligreses. Para a√Īadir a√ļn m√°s convicci√≥n a este relato directo, Hugo nos deja leer de primera mano el presupuesto personal del obispo y la carta de su hermana a un viejo amigo, y lo somete a dos pruebas dif√≠ciles: una prueba de coraje con Cravatte el ladr√≥n, una prueba de caridad. con G., el convencionalista. Y cuando finalmente se nos da un vistazo a sus pensamientos internos, no nos sorprende la brillantez que encontramos all√≠.

Sobre todo, sin embargo, es el toque de humor, incluso sarc√°stico, que Hugo le da a M. Myriel lo que lo hace cre√≠ble. El obispo no est√° por encima de un peque√Īo robo en una buena causa, ni est√° libre de prejuicios personales y de clase. Pero est√° constantemente siendo cambiado por lo que cree; tu luz interior cambia tu propia personalidad y la de los que te rodean.

El obispo tambi√©n es importante para Hugo como s√≠mbolo social. Hombre del Antiguo R√©gimen, acept√≥ sin amargura la p√©rdida de sus privilegios y, aunque estudioso de lo divino, no est√° ciego ante los defectos de la ley humana. En su trato comprensivo con el obispo y el convencional G., y al mostrar que es posible una reconciliaci√≥n entre ellos, Hugo insta indirectamente a sus lectores a poner el progreso por encima del partido y a unirse para aliviar la terrible carga de los pobres que, m√°s ochenta a√Īos despu√©s de la Revoluci√≥n, todav√≠a sufren.



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