Kafka y el existencialismo



Ensayos críticos Kafka y el existencialismo

Las historias de Kafka sugieren significados accesibles solo despu√©s de varias lecturas. Si sus terminaciones, o la falta de terminaciones, parecen tener sentido, no lo har√°n de inmediato y no en un lenguaje inequ√≠voco. La raz√≥n de esto es que las historias ofrecen una amplia gama de posibles significados sin confirmar ninguno en particular. Esto, a su vez, es el resultado de la opini√≥n de Kafka ‚ÄĒque comparte con muchos escritores del siglo XX‚ÄĒ de que su propio yo es una pieza de fuerzas que interact√ļan perennemente sin un n√ļcleo estable; si ha de lograr una aproximaci√≥n a la objetividad, esto s√≥lo puede suceder describiendo el mundo en lenguaje simb√≥lico y desde varios puntos de vista diferentes. Por lo tanto, una visi√≥n total debe permanecer inevitablemente inaccesible para √©l. Tal universo del que no se puede decir nada que no pueda al mismo tiempo -y tan plausiblemente- ser contradicho, tiene cierta iron√≠a, ir√≥nica en el sentido de que todo punto de vista posible se relativiza. Sin embargo, la respuesta dominante es m√°s de tragedia que de iron√≠a cuando vemos a los h√©roes de Kafka tratar de reconstruir los restos de su universo.

El mundo de Kafka es esencialmente ca√≥tico, por lo que es imposible derivar de √©l un c√≥digo filos√≥fico o religioso espec√≠fico, incluso uno que reconozca el caos y la paradoja, como lo hace gran parte del pensamiento existencial. Solo los eventos mismos pueden revelar el absurdo b√°sico de las cosas. Reducir los s√≠mbolos de Kafka a sus significados ¬ęreales¬Ľ y clasificar su cosmovisi√≥n como un ¬ęismo¬Ľ u otro es nublar su escritura con exactamente el tipo de experiencia sin sentido de la que se liber√≥ a trav√©s de su arte.

El expresionismo es uno de los movimientos literarios que a menudo se mencionan en relaci√≥n con Kafka, posiblemente porque su boga en la literatura coincidi√≥ con la madurez de la escritura de Kafka, entre 1912 y su muerte en 1924. Est√° claro que Kafka tiene ciertas caracter√≠sticas en com√ļn con los expresionistas, como su cr√≠tica a la cosmovisi√≥n ciegamente cient√≠fico-tecnol√≥gica, por ejemplo. Sin embargo, si consideramos lo que pensaba de algunos de los principales expresionistas de su tiempo, ciertamente no se le puede asociar con el movimiento: confes√≥ repetidamente que las obras de los expresionistas lo entristecieron; de una serie de ilustraciones de Kokoschka, uno de los representantes m√°s ilustres del movimiento, Kafka dijo: ¬ęNo entiendo. Para m√≠, esto solo demuestra el caos interior del pintor¬Ľ. Lo que rechaza en el expresionismo es la exageraci√≥n del sentimiento y la aparente falta de destreza. Aunque Kafka tal vez no fuera el gran artesano en el sentido de Flaubert, admiraba esta facultad en otros. En t√©rminos de contenido, Kafka se mostr√≥ muy esc√©ptico e incluso hostil hacia la reivindicaci√≥n expresionista del ¬ęhombre nuevo¬Ľ. Este m√©todo mazo did√°ctico-moralista le repugnaba.

La relaci√≥n de Kafka con el existencialismo es mucho m√°s compleja, principalmente porque la etiqueta ¬ęexistencialista¬Ľ en s√≠ misma no tiene sentido. Dostoievski, Nietzsche y Kierkegaard tienen cierta dimensi√≥n existencialista en sus escritos, al igual que Camus, Sartre, Jaspers y Heidegger, con cuyas obras se ha equiparado m√°s o menos el t√©rmino existencialismo desde la Segunda Guerra Mundial. , pero sin embargo comparten ciertos principios caracter√≠sticos presentes en Kafka.

Kafka ciertamente qued√≥ fascinado y abrumado por el tema principal de todas las variedades del pensamiento existencialista, a saber, la dificultad del compromiso responsable frente a un universo absurdo. Privado de toda directriz metaf√≠sica, el hombre est√° obligado, sin embargo, a actuar moralmente en un mundo donde la muerte lo vuelve todo sin sentido. √Čl solo debe determinar qu√© constituye una acci√≥n moral, aunque nunca puede prever las consecuencias de sus acciones. Como resultado, llega a considerar su total libertad de elecci√≥n como una maldici√≥n. La culpa de los h√©roes existencialistas como el de Kafka radica en su incapacidad para elegir y comprometerse con tantas posibilidades, ninguna de las cuales parece m√°s leg√≠tima o valiosa que otra. Al igual que el S√≠sifo de Camus, que est√° condenado a llevar una roca colina arriba solo para verla rodar por el otro lado, se encuentran frente al destino de tratar de sacar algo de dignidad de s√≠ mismos en un mundo absurdo. Sin embargo, a diferencia de S√≠sifo, los h√©roes de Kafka siguen siendo vagabundos en el improbable paisaje que ayudaron a crear. Ulrich en casa de Musil el hombre sin calidad y Mersault en Camus’ El raro ‚ÄĒ estos hombres son verdaderamente contempor√°neos de los ¬ęh√©roes¬Ľ de Kafka, vagabundos en un mundo desprovisto de anclaje metaf√≠sico y sufriendo los demonios del absurdo y la alienaci√≥n. Y en ese sentido, todos son parientes modernos de ese gran Hamlet vacilante, v√≠ctima de su conciencia exagerada y de su conciencia demasiado estricta.

El absurdo que Kafka retrata en sus relatos de pesadilla era para √©l la quintaesencia de toda la condici√≥n humana. La incompatibilidad total entre la ¬ęley divina¬Ľ y la ley humana y la incapacidad de Kafka para resolver la discrepancia son las ra√≠ces del sentimiento de extra√Īamiento que sufren sus protagonistas. Por mucho que los h√©roes de Kafka se esfuercen por aceptar el universo, quedan irremediablemente atrapados, no solo en un mecanismo de su propia invenci√≥n, sino tambi√©n en una red de accidentes e incidentes, de los que los m√°s peque√Īos pueden derivar. consecuencias graves. . Lo absurdo resulta en extra√Īamiento, y en la medida en que Kafka se ocupa de esta calamidad b√°sica, se ocupa de todos los temas eminentemente existencialistas.

Los protagonistas de Kafka est√°n solos porque est√°n a medio camino entre una noci√≥n del bien y del mal, cuyo alcance no pueden determinar y cuya contradicci√≥n no pueden resolver. Privados de toda referencia com√ļn y empalados en su propia visi√≥n limitada del ¬ęderecho¬Ľ, ya no son escuchados, y mucho menos comprendidos, por el mundo que los rodea. Est√°n aislados hasta el punto en que les falla la comunicaci√≥n significativa. Cuando el h√©roe t√≠pico de Kafka, ante una pregunta sobre su identidad, no puede dar una respuesta clara, Kafka hace m√°s que se√Īalar dificultades de expresi√≥n verbal: dice que su h√©roe est√° entre dos mundos, entre una persona desaparecida a la que una vez perteneci√≥ y entre un mundo presente al que no pertenece. Esto es consistente con el mundo de Kafka, que consiste no en opuestos claramente delineados, sino en una serie infinita de posibilidades. Estas nunca son m√°s que expresiones temporales, que nunca transmiten exactamente lo que realmente deben transmitir; de ah√≠ la calidad temporal y fragmentaria de las historias de Kafka. En el sentido de que Kafka es consciente de las limitaciones que le impone el lenguaje y pone a prueba los l√≠mites de la literatura, es un escritor ¬ęmoderno¬Ľ. En el sentido de no destruir los componentes gramaticales, sint√°cticos y sem√°nticos de sus textos, se mantiene tradicional. Kafka se abstuvo de tales aspiraciones destructivas porque est√° interesado en rastrear el proceso de razonamiento humano con gran detalle hasta el punto en que falla. Sigue estando en deuda con el enfoque emp√≠rico y est√° en su mejor momento cuando retrata a sus protagonistas tratando desesperadamente de comprender el mundo siguiendo el camino ¬ęnormal¬Ľ.

Al no hacerse o√≠r, y mucho menos entender, los protagonistas de Kafka se ven envueltos en aventuras que nadie m√°s conoce. El lector tiende a sentir que conoce el destino del protagonista y, por lo tanto, le resulta bastante f√°cil identificarse con √©l. Como normalmente no hay nadie m√°s en la historia a quien el protagonista pueda comunicar su destino, tiende a reflexionar sobre sus propios problemas una y otra vez. Esta cualidad solipsista que Kafka comparte con muchos escritores existencialistas, aunque la terminolog√≠a existencialista se ha referido a ella como ‚Äúautorrealizaci√≥n‚ÄĚ.

Kafka conoc√≠a bien los escritos de Kierkegaard y Dostoievski, y vale la pena reflexionar sobre las similitudes y diferencias entre sus respectivos puntos de vista. La similitud m√°s obvia entre Kafka y Kierkegaard, sus complejas relaciones con sus respectivos novios y sus fracasos en el matrimonio, tambi√©n apunta a una diferencia esencial entre ellos. Cuando Kafka habla del celibato y de la existencia de un ermita√Īo, los ve como negativos. Kierkegaard, por otro lado, fue un soltero entusiasta que vio un mandato divino en su renuncia a las mujeres. Para Kafka, el celibato era un s√≠mbolo de alienaci√≥n de la felicidad comunitaria, y as√≠ pensaba todo individualismo. Eso lo convierte en un pobre existencialista.

A diferencia de Kierkegaard, que domin√≥ su angustia mediante un deliberado ¬ęacto de fe¬Ľ, dejando atr√°s toda especulaci√≥n intelectual, Kafka y sus h√©roes nunca lograron superar esta angustia b√°sica: Kafka qued√≥ atrapado por su poderoso y sondeador intelecto, tratando de resolver las cosas de manera racional y emp√≠ricamente. Kafka no concibe el universo trascendental que busca describir en sus t√©rminos parad√≥jicos e incomunicables; en cambio, contin√ļa describi√©ndolo racionalmente y, por lo tanto, de manera inadecuada. Es como si se viera obligado a explicar algo que √©l mismo no entiende, ni deber√≠a entender realmente. Kafka no era de los que quieren el acto de creer. Tampoco era un hombre de carne y hueso que pudiera arriesgar el paso decisivo hacia la acci√≥n y la ‘totalidad de la experiencia’, como lo hizo, por ejemplo, Camus, que luch√≥ en la Resistencia francesa contra el terror nazi. Kafka nunca fue m√°s all√° de aceptar este mundo de una manera que queda fuera de cualquier religi√≥n espec√≠fica. Tend√≠a a oponerse al misticismo trascendental de Kierkegaard, aunque podr√≠a ser demasiado duro argumentar que renunci√≥ a toda fe en la ¬ęnaturaleza indestructible¬Ľ del universo, como √©l la llamaba. Quiz√° sea esto lo que quiere decir Kafka cuando dice: ¬ęNo se puede decir que nos falte la fe. El simple hecho en s√≠ mismo de que vivimos es inagotable en su valor de fe¬Ľ.

En el caso de Dostoievski, los paralelos con Kafka incluyen la conciencia despiadada y la conciencia rigurosa que emana de ella. así como los personajes de las obras de Dostoievski viven en habitaciones anónimas y sin adornos, por ejemplo, las paredes de la jaula del artista del hambre, el laberinto del animal y la habitación de Gregor Samsa no son más que el estrecho, inexorable y perpetuo encarcelamiento de sus respectivas conciencias. El despertar más trágico en los relatos de Kafka es siempre el de la conciencia y la conciencia. Kafka supera a Dostoievski en este aspecto porque lo que se representa como una relación dramática -entre, digamos, Raskolnikov y Porfiry en Crimen y castigo Рse convierte en el monólogo desesperado de un solo en las obras de teatro de Kafka.

La base filos√≥fica de Kafka, entonces, es un sistema abierto: es una experiencia humana del mundo y no tanto de lo particular. Weltanschauung de un pensador. Los protagonistas de Kafka se enfrentan a una deidad secularizada cuyos √ļnicos aspectos visibles son misteriosos y an√≥nimos. Sin embargo, a pesar de estar continuamente confrontados con el absurdo esencial de todas sus experiencias, estos hombres no dejan de intentar descifrarlas. Para ello, Kafka utiliza su escritura como c√≥digo de lo trascendental, lenguaje de lo desconocido. Es importante entender que este c√≥digo no es un escape de la realidad, sino todo lo contrario, el instrumento a trav√©s del cual busca comprender el mundo en su totalidad sin poder decir nunca hasta qu√© punto lo ha logrado.



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