hipólito



Análisis del personaje de Hipólito

La necesidad dramática dicta que, a pesar de la extraordinaria intensidad de sus emociones, Fedra no domina del todo el escenario. Si Hipólito fuera sólo una figura sombría, el amor de Fedra sería incomprensible, y las dimensiones trágicas de una gran pasión se reducirían a mero libertinaje. Por lo tanto, Racine hizo de Hippolytus un personaje distintivo y memorable. No es la criatura elemental que sugerirían sus orígenes. Como Phaedra indica específicamente, se compara favorablemente con su padre. A las cualidades físicas de Teseo añade una nobleza de espíritu hecha de magnanimidad, ternura y compasión. Su negativa a defenderse le da un aura de martirio. Como él mismo dice (Acto IV, Escena 2), «El día no es más puro que el fondo de mi corazón».

Hipólito también desmiente sus orígenes de una manera peculiarmente raciniana. No es el legendario adorador de Diana cuya aversión por las mujeres provocó la ira de Venus. Se enamora, castamente, sin duda, pero apasionadamente. Lo recordamos como el héroe condenado a muerte de un idilio romántico.



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