esquina II



Resumen y An√°lisis Canto II

Resumen

En C√°diz, Espa√Īa, Juan aborda el barco Trinidad con destino a Leghorn, Italia, donde deber√° visitar a sus familiares all√≠ establecidos. Su s√©quito consta de tres sirvientes y un tutor. Como Juan no tiene experiencia a bordo, pronto se marea. Tan pronto como el barco zarp√≥, estall√≥ una tormenta. Incluso si la tripulaci√≥n navega, el mar embravecido rasga el de trinidad tim√≥n, y las bombas necesitan ser tripuladas, ya que el barco ten√≠a una fuga. Los hombres tratan en vano de tapar la fuga poni√©ndole un trapo. Una r√°faga repentina golpea el barco hasta sus extremos. La tripulaci√≥n cort√≥ inmediatamente los m√°stiles y el barco se enderez√≥. Desesperados, los hombres intentan llegar al suministro de licor, pero Juan demuestra su intrepidez al asaltarlos con un par de pistolas.

Sin tim√≥n, m√°stiles ni velas, y con tantas fugas que las bombas son in√ļtiles, el barco se balancea indefenso en la depresi√≥n de las olas y finalmente comienza a asentarse en la proa. Algunos miembros de la tripulaci√≥n logran sacar el cortac√©sped y el bote del barco y ahorrar algo de comida y agua potable. Los otros barcos fueron abastecidos durante la tormenta. Cualquier cosa que pueda sustentar a un hombre se tira por la borda. Apenas se han bajado los dos botes cuando el barco se hunde, llev√°ndose consigo a casi doscientos hombres. S√≥lo treinta y nueve, don Juan y su guardi√°n entre ellos, logran salvarles la vida. Pronto, el n√ļmero se reduce a treinta, ya que el peque√Īo c√ļter con nueve hombres a bordo se ve inundado por las altas olas. Los hombres del bote logran mantenerlo a flote e incluso izar una vela y un m√°stil con dos mantas y un remo. Finalmente llega una pausa y los hombres exhaustos duermen un poco por primera vez en tres d√≠as. Cuando se despiertan, tienen hambre y devoran f√°cilmente todos sus escasos suministros. Cuando el hambre empieza a roer de nuevo, matan y se comen al viejo perro de aguas de Juan, que √©l hab√≠a rescatado. As√≠ se comen vuestras gorras de cuero y vuestros zapatos.

Cuando llevan siete d√≠as en la barca y hace cuatro d√≠as que no sopla brisa, uno de ellos susurra a su compa√Īero y el susurro va de √©l a otro y as√≠ sucesivamente por toda la barca. Decidieron que uno de ellos deb√≠a ser sacrificado por comida. La suerte cae sobre Pedrillo, el tutor de Juan, que muere desangrado. Casi todos en el barco cometen canibalismo excepto Juan y tres o cuatro m√°s. Varios de los que comieron carne humana beben agua de mar y sufren convulsiones. A pesar de ello, podr√≠an haber vuelto a echar suertes si no hubieran conseguido atrapar tres aves marinas y si no hubiera llovido por primera vez desde que el barco se hundi√≥. M√°s tarde, tienen la suerte de atrapar una tortuga que est√° durmiendo en el agua.

Finalmente, cuando solo quedan cuatro con vida, aparece tierra, pero la costa es escarpada y rocosa. La corriente y el viento predominante llevan la lancha rápidamente hacia tierra, y cuando golpean un arrecife, la embarcación vuelca. Uno de los cuatro hombres es arrebatado por un tiburón; dos, incapaces de nadar, se ahogan; pero Juan, con la ayuda del remo, logra arrastrarse por la arena y cae allí, inconsciente.

Cuando Juan recupera la conciencia, el primer objeto que ve es un hermoso rostro femenino que lo mira. Con ella hay otra joven, y juntas hacen lo que pueden para restaurar su fuerza. Después de frotar sus extremidades frías y cubrirlo con una capa, lo resguardan en una cueva cercana.

Las dos damas atienden a Juan a diario, y bajo su cuidado pronto recupera las fuerzas. El nombre de uno es Haidée; la otra, Zoe, es la doncella de Hadée. El padre de Haidée es Lambro, un pirata griego, que construyó una casa palaciega en la isla del Egeo, en la que fue lanzado Juan.

Como el padre de Haid√©e vender√≠a a Juan como esclavo, Haid√©e no se atreve a llevarlo a su casa para que se recupere, sino que lo mantiene en la cueva y le lleva ropa, pieles para un sof√° y un suministro diario de alimentos. Cuando Juan recupera las fuerzas, Haid√©e le da lecciones de griego, un idioma que Juan no conoce, se√Īalando y repitiendo. Pronto los dos se enamoran.

Después de que Juan ha permanecido en la cueva durante un mes, la flota de Lambro se hace a la mar y Juan puede salir de su escondite y dar paseos diarios con Haidée, mientras mejora su griego. Durante estos paseos, su amor mutuo se profundiza. Pronto, el corazón de Haidée se pierde irremediablemente para Juan, hasta que una noche, bajo las estrellas.

Por sus propios sentimientos santificados y unidos,
Su sacerdote era la Soledad, y estaban casados:
Y se alegraron por tus ojos jóvenes
Cada uno era un ángel y un paraíso terrenal. (Calle 204)

An√°lisis

El Canto II se divide en cinco partes generales: (1) un inicio transitorio a trav√©s del mareo de Juan; (2) la tormenta y el naufragio; (3) existencia en un bote peque√Īo despu√©s del hundimiento del barco; (4) la llegada de Juan a una isla en el mar Egeo y el r√°pido desarrollo de una relaci√≥n amorosa secreta entre √©l y Haidee, el √ļnico hijo de un rico pirata, contrabandista y traficante de esclavos griego; y (5) una secci√≥n ¬ęfilos√≥fica¬Ľ final sobre el amor, concebido como una de las principales fuentes de dolor y placer en este mundo.

Despu√©s del c√≠nico resplandor c√≥mico y el comentario burl√≥n sobre el matrimonio en el Canto I, el Canto II puede decepcionar a algunos lectores. Byron sustituye el desastre en el mar por el desastre en el matrimonio, pero al final devuelve la canci√≥n al tema principal del Canto I, a saber, el amor. En aras de la variedad y la unidad, podr√≠a haber terminado el Canto II con la Estancia 110, donde Juan, que apenas escap√≥ con vida, cae inconsciente en la orilla de una isla. As√≠, Juan, a quien vimos al final del Canto I corriendo desnudo, figura un tanto rid√≠cula de un amor il√≠cito, es arrojado, casi desnudo, a otro amor il√≠cito, en la √ļltima parte del Canto II. Juan permanece pr√°cticamente sin cambios; no aprendi√≥ nada de la experiencia. No hay indicios de que est√© en lo m√°s m√≠nimo preocupado por los posibles efectos desastrosos de su nuevo amor, al igual que no estaba preocupado por las consecuencias de su primer amor. En este sentido, sigue la tradici√≥n del Don Juan cl√°sico, que va feliz de un amor a otro. Byron no lo condena, aunque lo hace irrisorio en el Canto I; ni condonar su conducta con Haidee. Aunque Juan y Haid√©e solo respondieron a la atracci√≥n gravitacional de la compatibilidad f√≠sica, ambos fueron criados en cristianos, como Byron se cuida de decirnos. Al encontrarse en una ocasi√≥n de pecado, se rindieron a la naturaleza aparentemente sin luchar. Byron, sin embargo, tiene el ojo puesto en el lector, especialmente en el cr√≠tico, que pronto lo acusar√≠a de inmoralidad. No da detalles sugerentes y, en el Canto III, muestra c√≥mo la paga del pecado es la muerte para Haid√©e y heridas dolorosas para Juan. Incluso con estas precauciones, no escap√≥ a la acusaci√≥n de inmoralidad. Robert Southey, el poeta laureado, lo convirti√≥ en el l√≠der de la escuela sat√°nica de poes√≠a.

El trato de Byron a Haidée es bastante diferente del trato que le da a Donna Julia. Analiza el comportamiento de Julia con ironía divertida porque ella era producto de una sociedad cristiana sofisticada además de estar casada. Haidée pertenece a una sociedad más primitiva y es soltera. Byron explica su conducta diciendo que olvidó sus principios cristianos en una crisis de amor:

Y Haidee, siendo piadosa y justa,
Sin duda, había oído hablar del río Stygian,
Y el Infierno y el Purgatorio Рpero lo olvidé
Solo en la crisis misma no debería hacerlo. (Ev. 193.)

Sin duda, Byron siente que tiene m√°s derecho a nuestra simpat√≠a porque no ha manipulado su conciencia como lo hab√≠a hecho Donna Julia; ella no trat√≥ de convencerse a s√≠ misma de que su curso de conducta era diferente de lo que era. En realidad, no pens√≥ en nada y, como espejo de la humanidad, es mucho menos interesante que Donna Julia, por quien el lector podr√≠a sentir l√°stima porque estaba atrapada en un matrimonio sin amor. El caso de Haid√©e no fue nada parecido. Hab√≠a tenido pretendientes; mientras se convert√≠a en mujer, hab√≠a rechazado a varios, como nos informa Byron en la Estancia 128, y el campo a√ļn estaba abierto. Byron parece haber olvidado a estos pretendientes y todo lo que implican, cuando escribe en la estrofa 190:

Had√©e no habl√≥ de escr√ļpulos, no pidi√≥ votos,
Ni ofrecido; ella nunca habia escuchado
De estatus y promesas de ser cónyuge,
O los peligros en que incurre una doncella amorosa;
Ella era todo lo que permite la pura ignorancia.

Las escenas del naufragio son v√≠vidas e inolvidables, con algo del realismo del novelista del siglo XVIII Tobias Smollett, adem√°s de un toque de iron√≠a byroniana. La fuente principal de Byron para sus materiales en este episodio fue una colecci√≥n de relatos de naufragios, por hombres que estuvieron involucrados en los incidentes, editada por Sir JG Dalyell en 1812, titulada Naufragios y desastres en el marpero tambi√©n us√≥ otros relatos, incluido el relato del capit√°n Bligh sobre el mot√≠n en Premio. De estas fuentes obtuvo el corte de los m√°stiles para enderezar la nave, el esfuerzo de los marineros para llegar al aprovisionamiento de licor, algunos marineros at√°ndose a sus redes, el perro, el canibalismo, la elecci√≥n de una v√≠ctima por sorteo, el sangrado la v√≠ctima para darle una muerte f√°cil, la lluvia, atrapar a la tortuga dormida y otros detalles. Un cr√≠tico se apresur√≥ a se√Īalar el endeudamiento de Byron.

La imagen de Byron del hombre en las estrofas del naufragio es, en general, muy cierta. En tales circunstancias, el principio y la raz√≥n tienden a desaparecer. Lo que echamos de menos en todo esto es la compasi√≥n por la humanidad pobre y miserable, y la jocosidad ocasional de Byron est√° fuera de lugar y ha enojado a los cr√≠ticos. Art√≠sticamente, el incidente del canibalismo puede ser una difamaci√≥n. Es feo y puede haber sido creado para sorprender en lugar de mostrar c√≥mo los hombres pueden comportarse a la deriva en un bote peque√Īo sin provisiones. Para hacerlo plausible, Byron deber√≠a haber entrado en muchos m√°s detalles al mostrar c√≥mo el canibalismo surgido entre los n√°ufragos a la deriva en un peque√Īo bote es tan raro que su uso literario requiere un fundamento adecuado, incluida la caracterizaci√≥n suficiente de quienes lo sugieren y lo cometen. Sin esto, el elemento de probabilidad se debilita.

El idilio de la isla en el Canto II en su realismo y descripción detallada despierta el mayor interés del lector. Como presentación realista de una historia de amor entre dos jóvenes a los que vemos enamorarse gradualmente, no hay nada tan bueno como la literatura inglesa antes de Byron. No se nos dice simplemente que Juan y Hadée se enamoran. Vemos el proceso sucediendo ante nuestros ojos.



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