Escenas 6-7



Resumen y An√°lisis Acto V: Escenas 6-7

Resumen

Es muy tarde. Ter√°menes, el tutor de Hip√≥lito, irrumpe para decirle a Teseo que Hip√≥lito est√° muerto. Cuando sal√≠an por las puertas de Troezen, Hip√≥lito conduc√≠a su carro, un extra√Īo grito vino del mar y los caballos de Hip√≥lito se inquietaron. Entonces del mar se levant√≥ una gran ola, de cuya espuma sali√≥ un monstruo, mitad toro y mitad serpiente. Theramenes y los guardias, aterrorizados, se refugiaron en un templo cercano; Solo Hip√≥lito se levant√≥ para enfrentar al monstruo y lo atraves√≥ con su jabalina. El monstruo moribundo escupi√≥ su sangre y llamas a los pies de los caballos, y estos corrieron libres. A pesar de los magn√≠ficos esfuerzos de Hip√≥lito, no pudo controlarlos, y algunos de los guardias incluso pensaron que vieron a un dios espole√°ndolos. Arrastrando el carruaje hacia los acantilados, rompieron el eje y el carruaje se vino abajo bajo su cochero. Los caballos arrastraron a Hip√≥lito a su muerte. Siguiendo las huellas de su sangre y cabello, Ter√°menes lleg√≥ al lugar donde se hab√≠an detenido los caballos, cerca del templo de los antepasados ‚Äč‚Äčde Hip√≥lito. Con su √ļltimo aliento, Hip√≥lito le asegur√≥ a su tutor que era inocente de los cargos en su contra y le rog√≥ que cuidara de Aricia y le pidiera a Teseo que fuera amable con ella.

Teseo, abrumado por el dolor, llora que los dioses lo hayan servido tan bien y le hayan dado un remordimiento que durar√° toda su vida. Theramenes le dice que tan pronto como muri√≥ Hip√≥lito, lleg√≥ Aricia, vio el cuerpo mutilado de su amante y se desmay√≥ a sus pies. Ahora ha revivido e Ismene, su asistente, comparte sus l√°grimas; Theramenes la dej√≥ solo para traer las √ļltimas palabras de Teseo, su hijo.

En ese momento entra Fedra y Teseo se vuelve hacia ella. ¬ęMi hijo est√° muerto, se√Īora, haga que su v√≠ctima¬Ľ, grita, ¬ęgoce de su muerte, bien o mal¬Ľ. √Čl no quiere saber m√°s; la verdad, si la supiera, s√≥lo podr√≠a aumentar su sufrimiento. Es √©l, Teseo, quien ahora ir√° al exilio, para ocultar el recuerdo de la muerte de su hijo y su nombre del conocimiento de los humanos. Los dioses, en toda su bondad hacia √©l, finalmente le dieron un regalo fatal.

Phaedra, inquebrantable, revela la verdad. ¬ęTu hijo debe recuperar su inocencia¬Ľ, le dice a Teseo. ¬ę√Čl no era culpable¬Ľ. Cuando Teseo exclama sobre su crueldad, ella lo silencia. Solo le quedan unos pocos momentos de vida y debe contar su historia. Fue ella quien, maldita del cielo, concibi√≥ un amor incestuoso por su hijo; Enone hizo el resto. Temiendo que Hip√≥lito revelara la verdad a su padre, la enfermera lo acus√≥, pero recibi√≥ su castigo. Fedra ya se habr√≠a suicidado con la espada, pero sinti√≥ que deb√≠a limpiar el nombre de Hip√≥lito. Ha tomado un veneno que Medea trajo a Atenas y se est√° muriendo. Su presencia ya no tiene por qu√© ofender a los cielos y al marido al que ultraj√≥. Los cielos, que ella manch√≥ con su existencia, ser√°n restaurados a la pureza con su muerte. Ella muere.

Teseo, sin esposa ni hijos, planea ir a llorar el cuerpo de su hijo y enterrarlo con los honores que se merece. De ahora en adelante, considerar√° a Aricia, el √ļnico legado que Hippolytus le dej√≥, como su propia hija.

An√°lisis

A los efectos de la trama, la famosa descripci√≥n de la muerte de Hip√≥lito es innecesaria. La escena podr√≠a haber terminado bastante apropiadamente con el escueto anuncio de Theramenes: ¬ęHe visto perecer al m√°s dulce de los mortales¬Ľ. Su posterior elaboraci√≥n es francamente una muestra de valent√≠a. Seg√ļn el erudito y cr√≠tico franc√©s Antoine Adam, ¬ęEsta historia representa el intento de Racine de introducir en el lenguaje dram√°tico la belleza del estilo ornamentado de Eur√≠pides y, en general, de la poes√≠a antigua¬Ľ. La escena de la muerte, aunque inesperada y at√≠pica, no es impactante. Racine, con su infalible buen gusto, conoce el peligro de la subestimaci√≥n constante. El artista, para no caer en la monoton√≠a, debe dar el debido valor a la imaginaci√≥n, y el clasicista fr√≠o debe ceder el paso ocasionalmente al rom√°ntico, especialmente cuando la escena en cuesti√≥n es el cl√≠max tanto de la trama como de la tragedia de la obra y su acci√≥n transcurre fuera del escenario.

Las im√°genes en las descripciones son abrumadoras, extra√Īas, fant√°sticas; pero como dice Boileau en su arte po√©tico,

No hay serpientes ni monstruos odiosos.
Lo que no puede agradar a la vista cuando es imitado por el arte;
La agradable habilidad de un pincel delicado.
Hace del objeto m√°s horrible algo encantador.

La referencia a un pincel delicado se aplica perfectamente al arte de Racine, como probablemente se pretendía. A pesar de la violencia y la naturaleza extraordinaria de los hechos narrados, encajan en un esquema bien ordenado que representa un ritmo acelerado, desde la visión lenta y majestuosa de la partida de Hipólito hasta el clímax frenético de ser arrastrado por sus caballos desbocados. Es una descripción espléndida y dinámica, seguida por la tragedia más tranquila y profunda de la muerte de Hipólito a las puertas de las tumbas de sus antepasados. Una nota de ironía trágica refuerza la intensidad de la escena cuando Aricia encuentra muerto en el templo a su amante que se suponía que iba a presenciar sus votos.

Una cualidad que lamentablemente debe eludir el lector de habla inglesa es la m√ļsica que Racine trata aqu√≠ con especial cuidado: aliteraci√≥n, sonidos sugerentes y un ritmo elocuente que enfatiza el movimiento de la acci√≥n.

El final de la obra nos deja con los sentimientos aristotélicos de piedad y terror. Estamos horrorizados por el caos total causado por la pasión voraz de Phaedra. Tres de los personajes murieron en agonía física o angustia mental. Los que se quedaron se quedaron sin esperanza. Aricia ha vuelto a la vida, pero como indica Ismene, es una vida de luto. Teseo se convirtió en un anciano sin fuerzas, ni siquiera fuerza, para expresar su ira y dolor castigando al responsable.

Los personajes inocentes provocan nuestra profunda l√°stima. Pero incluso Phaedra no puede ser un completo objeto de horror. Esa no era la intenci√≥n del autor. Quer√≠a que nuestra indignaci√≥n fuera mitigada por la compasi√≥n. Racine se√Īala en su prefacio:

Phaedra no es ni completamente culpable ni completamente inocente. Su destino y la ira de los dioses la han forzado a una pasi√≥n ileg√≠tima que la horroriza m√°s que a nadie. Ella trata desesperadamente de superarlo. Ella preferir√≠a morir antes que dejar que alguien lo supiera. Y cuando se ve obligada a revelarlo, habla de ello con una verg√ľenza que demuestra que su crimen es m√°s un castigo de los dioses que una expresi√≥n de su voluntad.



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