escena 7



Resumen y An√°lisis Acto II: Escena 7

Resumen

En Belmont, en una habitaci√≥n de la casa de Portia, el pr√≠ncipe de Marruecos examina los tres ata√ļdes, uno de oro, uno de plata y otro de plomo. Debe elegir uno, y si elige el correcto, su recompensa ser√° ¬ęla bella Portia¬Ľ. Mientras lee las palabras grabadas en la parte superior de cada ata√ļd, reflexiona sobre cada una de las enigm√°ticas inscripciones. En el ata√ļd de plomo se lee: ‚ÄúQuien me elija debe dar y arriesgar todo lo que tiene‚ÄĚ; en el ata√ļd de plata se lee: ¬ęEl que me elija recibir√° su merecido¬Ľ; y en el ata√ļd de oro se lee: ¬ęEl que me elija, obtendr√° lo que muchos hombres anhelan¬Ľ. Portia le informa que el ata√ļd correcto contiene su foto.

Marruecos vuelve a revisar las entradas y rechaza el ata√ļd de plomo por considerar que no vale las altas apuestas por las que juega. √Čl reflexiona largamente sobre el ata√ļd de plata. Las palabras ¬ęobtener todo lo que se merece¬Ľ lo intrigan. el esta seguro de que merecer Porcia; lo merece ‘en nacimiento’, ‘en fortuna’, ‘en gracia’, ‘en cualidades de creaci√≥n’ y, sobre todo, ‘en amor’. Sin embargo, finalmente rechaza el ata√ļd de plata porque se niega a creer que el padre de Portia ¬ętabrir√≠a¬Ľ un retrato de su preciosa hija en un metal ¬ędiez veces infravalorado¬Ľ. [as] Prob√≥ el oro¬Ľ. El pr√≠ncipe argumenta que un retrato de Portia, una ¬ęsanta mortal que respira¬Ľ, una mujer ¬ęque todo el mundo desea¬Ľ, solo podr√≠a estar dentro del ata√ļd dorado. Por lo tanto, elige el ata√ļd dorado, con la esperanza de encontrar ¬ęun √°ngel¬Ľ. en un lecho de oro¬Ľ.

Cuando abre el ata√ļd y mira dentro, descubre solo una calavera (¬ęmuerte de la carro√Īa¬Ľ) y un pergamino enrollado e insertado dentro del ¬ęojo vac√≠o¬Ľ de la calavera. Lo toma y lee el mensaje: ¬ęNo es oro todo lo que reluce;… Las tumbas de oro hacen gusanos por todas partes¬Ľ. Derrotado y afligido, se marcha precipitadamente con su s√©quito. ¬ęUn viaje tranquilo¬Ľ, comenta Portia.

An√°lisis

En contraste con la escena anterior a esta, ahora tenemos otro espect√°culo colorido y teatral de otro pretendiente rico que ha venido para tratar de enga√Īar a la fortuna y reclamar a Portia para su novia.

Mientras Marruecos inspecciona los ata√ļdes, Shakespeare puede informar al p√ļblico con m√°s detalle sobre los detalles de la competencia del ata√ļd por la mano de Portia. El ata√ļd que la conquistar√° contiene un retrato en miniatura de ella, y todos los ata√ļdes tienen inscripciones, que nos lee Marruecos. Estas inscripciones son importantes; cada pretendiente sucesor reflexionar√° sobre ellos y, al hacerlo, revelar√° la verdad sobre su propio car√°cter. Las inscripciones son, por supuesto, intencionalmente ambiguas; se pueden interpretar de m√°s de una manera. Teniendo en cuenta que se trata de una comedia rom√°ntica, esperamos que Marruecos las malinterprete, como luego lo har√° Arrag√£o, y que finalmente Bassanio lea las inscripciones y las interprete correctamente.

Debemos recordar al leer esta escena que la propia Portia, en este punto, no sabe cu√°l de los ata√ļdes la ganar√°. Mientras Marruecos pasa de uno a otro, Portia estar√° reaccionando en el escenario, revelando en silencio sus pensamientos ya que no puede guiar a Marruecos, y tenemos alguna evidencia para creer que Portia generalmente no es una mujer tranquila.

El largo discurso de Marruecos, que comienza en la l√≠nea 13, sin duda fue insertado por Shakespeare para darle al actor suficiente tiempo para moverse de un lado a otro con mucha vacilaci√≥n entre los ata√ļdes. Hablando consigo mismo, se dice: ¬ęDetente all√≠, Marruecos… ¬ŅQu√© pasa si no me desv√≠o m√°s y elijo aqu√≠?¬Ľ. Est√° retrasando el momento de elecci√≥n y prolongando el suspenso de este momento dram√°tico. Ya hemos visto Marruecos y sabemos que es un pr√≠ncipe orgulloso y poderoso, rico en su ropaje y en su lengua, por lo que no es de extra√Īar verlo pasar de al menos hermosa y exteriormente atractiva desde los ata√ļdes hasta el la mayor√≠a bonita; tiene, dice, ¬ęuna mente de oro¬Ľ. As√≠ que hace la elecci√≥n m√°s directa y obvia: para √©l: el ata√ļd de oro, porque ¬ęNunca hubo una gema tan rica / Fue puesta peor que el oro¬Ľ. Cuando lo abre y encuentra el cr√°neo y el pergamino, la moraleja de Shakespeare es clara, es decir, la riqueza y la belleza sensorial, simbolizadas aqu√≠ por el oro, son meramente transitorias: ¬ęMuchos hombres han vendido su vida / Pero mi exterior para contemplar¬Ľ. Veremos m√°s adelante que la prueba del ata√ļd contiene un tema que ocurre en otra parte de la obra: la diferencia entre lo que simplemente aspecto y lo que realmente Est√° – es decir, la diferencia entre apariencia y realidad. Los ata√ļdes tambi√©n sugieren otro elemento de la pieza: la ilusi√≥n de que las riquezas materiales (oro y plata) tienen valor, cuando en realidad valen poco. Sin embargo, la riqueza material es la obsesi√≥n de Shylock; el oro es su verdadero dios, y ah√≠ radica su tr√°gico defecto.



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