escena 2



Resumen y An√°lisis Acto I: Escena 2

Resumen

La escena dos tiene lugar en la ¬ęc√°mara de presencia¬Ľ del palacio. El rey quiere escuchar a los obispos sobre la justicia de sus reclamos en Francia antes de ver a los embajadores franceses. El arzobispo de Canterbury y el obispo de Ely entran para explicarle al rey su leg√≠timo derecho al trono franc√©s. Pero antes de empezar, el rey les advierte que digan la verdad. Henry entiende que un reclamo leg√≠timo significar√≠a la guerra con Francia y costar√≠a miles de vidas. Quiere m√°s informaci√≥n sobre la ¬ęley s√°lica¬Ľ que Francia est√° utilizando para refutar la afirmaci√≥n de Henry. Por eso, insta a Canterbury a comenzar y hablar con ¬ęla conciencia lavada / tan pura como el pecado con el bautismo¬Ľ.

En un discurso muy largo y atractivo, Canterbury explica que el rey tiene un derecho leg√≠timo a la corona francesa. Las leyes de Salique (Salic) se aplicaron una vez a una peque√Īa √°rea en Alemania (ni siquiera en Francia) llamada Salique Land. Hubo, hace mucho tiempo, una decisi√≥n de los pobladores de la zona que decretaba que la herencia familiar no pasar√≠a a las mujeres. Esta ley ¬ęno fue creada para el reino de Francia¬Ľ, ya que varios de los reyes de Francia obtuvieron su derecho al trono a trav√©s del linaje de su madre. Adem√°s, explica Canterbury, los franceses simplemente est√°n usando esta ley para mantener a Enrique fuera del trono franc√©s.

El rey Enrique pregunta si puede, en buena conciencia, hacer el reclamo. El arzobispo de Canterbury responde con una cita b√≠blica del Libro de los N√ļmeros: ¬ęCuando un hombre muere, deja la herencia / Baja a la hija¬Ľ. Luego insta al rey a luchar por su reivindicaci√≥n, recordando las grandes haza√Īas de su bisabuelo Eduardo III, cuya madre fue Isabel, hija de Felipe IV de Francia.

Aqu√≠, el obispo de Ely, Exeter y Westmoreland implora al rey que recuerde su noble ascendencia y sangre real. Le recuerdan al rey su valiente herencia y la lealtad inquebrantable de sus s√ļbditos. El arzobispo de Canterbury le promete que no solo sus s√ļbditos sino tambi√©n el clero lo apoyar√°n econ√≥micamente en su lucha por el trono franc√©s:

En ayuda de lo que nosotros de la espiritualidad
¬ŅSu Alteza aumentar√° una suma tan poderosa
Como nunca hizo el clero todo a la vez
Llévaselo a cualquiera de tus antepasados. (132-35)

Henry expresa sus temores por las defensas escocesas si se va, y se√Īala que cada vez que los reyes ingleses iban a la guerra, los escoceses ¬ęentraban como la marea en una brecha¬Ľ. Mientras Canterbury cree que no hay nada de qu√© preocuparse, Ely y Exeter parecen estar de acuerdo con el rey. Canterbury luego responde usando la met√°fora de una colonia de abejas en la que compara el funcionamiento de un reino con el de una colmena: cada abeja tiene una tarea asignada que realizar, y todas trabajan hacia un objetivo com√ļn para el bien total. Por lo tanto, insta a Enrique a dividir sus fuerzas en cuartos, y con un cuarto puede conquistar Francia y dejar los otros tres cuartos para defender la patria:

Si nos quedamos en casa con el triple de esos poderes
No podemos defender nuestras propias puertas para perros,
Preocupémonos, y nuestra nación perderá
El nombre de la robustez y la política. (217-20)

El rey parece complacido con esta sugerencia y declara que √©l y sus fuerzas se dirigen a Francia. Luego convoca a los embajadores de Francia. Son enviados por el Delf√≠n (hijo del Rey) y no por el Rey de Francia. Henry asegura a los embajadores que pueden hablar con libertad y seguridad porque ¬ęno somos tiranos, sino un rey cristiano¬Ľ, y los insta a hablar con franqueza sobre lo que est√° en la mente del delf√≠n.

Se dice que el Delf√≠n est√° al tanto del reclamo de Enrique al trono franc√©s, pero que el Delf√≠n cree que Enrique es joven e inmaduro y digno solo del regalo que envi√≥ con sus embajadores: pelotas de tenis. El rey Enrique, con dignidad y claridad, responde que ir√° a Francia para jugar un juego que ¬ęencandilar√° a todos los ojos de Francia¬Ľ. Las pelotas de tenis, dice, se convertir√°n en balas de ca√Ī√≥n, y muchos ¬ęmaldecir√°n el desprecio del Delf√≠n¬Ľ. Concediendo a los embajadores un salvoconducto, Henry se despide de ellos. Despu√©s de su partida, dice que espera que haga el ¬ęremitente [the Dauphin] sonrojarse¬Ľ, y as√≠ comienza a prepararse para la guerra con Francia.

An√°lisis

En la escena uno, solo escuchamos sobre el rey Enrique V; ahora, en la Escena Dos, los elogios que escuchamos se justifican por la aparici√≥n de Enrique. Aqu√≠ est√° el rey cristiano ideal que rechaz√≥ a los depravados compa√Īeros de su juventud. El rey Enrique es visto como un gobernante prudente y concienzudo; es decir, aparentemente ya ha decidido hacer la guerra a Francia, y ahora le pide al Arzobispo una declaraci√≥n p√ļblica que justifique sus acciones. Adem√°s, es plena y conscientemente consciente de la p√©rdida de vidas que implicar√° esta lucha. Al Arzobispo advierte:

Así que presta atención a cómo creas nuestra persona,
¬ŅC√≥mo despiertas nuestra espada de guerra dormida?
Te ordenamos, en el nombre de Dios, que prestes atención;
Porque nunca dos de estos reinos contendieron
No hay mucho derramamiento de sangre. . . . (21-25)

Con este discurso surge el tema que se llevará al campo de batalla más adelante en la obra: el tema de los horrores de la guerra y la pérdida de muchas vidas que supondrá este encuentro y, por lo tanto, la gran responsabilidad que pone en el conciencia del rey que decide emprender tal guerra.

En consecuencia, el rey ordena al arzobispo que consulte a su tener conciencia antes de hablar y justificar tal empresa. Aqu√≠ est√° el rey cristiano maduro, preocupado no solo por asuntos de estado, sino por la conciencia de todo el estado (o naci√≥n). El arzobispo explica la justificaci√≥n de las acciones de Henry en un discurso que tiene que ser uno de los discursos m√°s retorcidos, confusos y tediosos de todas las obras de Shakespeare (en las producciones dram√°ticas, este discurso a menudo se corta y altera severamente). Cuando el arzobispo, jefe de la Iglesia de Inglaterra, le ruega a Henry que deje ¬ępecar [be] sobre mi cabeza¬Ľ si hay alguna irregularidad, Henry decide proceder; est√° bastante seguro de que puede ir a la guerra con la conciencia tranquila.

Cuando Henry expresa su preocupación por una invasión de Escocia (ya ha sucedido antes cuando el rey y su ejército están ausentes de Inglaterra), el arzobispo responde con la ya famosa comparación de la colmena. Esta elaborada comparación del estado humano o la sociedad con una colmena es una idea familiar del Renacimiento que respalda la idea de que todas las clases (realeza, trabajadores, zánganos y combatientes) son necesarias para el bienestar del estado perfecto.

Otra faceta del carácter de Henry se revela durante su trato a los embajadores franceses. Aparentemente, el delfín ha escuchado mucho sobre el salvajismo y la inmadurez del joven príncipe Hal y está insultando abiertamente al rey recién reformado. (A partir de las suposiciones del Delfín sobre la vida pasada de Enrique, Shakespeare también asumió que su audiencia estaba familiarizada con sus obras anteriores sobre el Príncipe Hal.) Pero Enrique no se irrita por los insultos del Delfín; en cambio, responde con un temperamento equilibrado, un autocontrol increíble y una cortesía total:

Te entendemos bien,
A medida que viene sobre nosotros con nuestros días más salvajes,
No medir el uso que hacíamos de ellos. (266-68)

Henry quiere decir, como lo indica el arzobispo en la escena uno, que los ¬ęd√≠as m√°s salvajes¬Ľ fueron parte del entrenamiento del rey y se les dio un buen uso en su conocimiento actual de la naturaleza humana.

En esta escena, el arzobispo se presenta como una persona de gran erudici√≥n y un maestro en tergiversar gravemente el idioma ingl√©s. Est√° totalmente dedicado a Inglaterra, al rey y, por √ļltimo, pero no menos importante, a la iglesia. Es un diplom√°tico admirable por la forma en que logra inspirar y convencer al rey de la rectitud de la lucha contra Francia. Sin embargo, siempre debemos tener en cuenta que la insistencia del arzobispo en la justicia de las reclamaciones contra Francia se debe, en parte, a su deseo de retener los ingresos de la iglesia; con eso en mente, incluso promete m√°s ingresos para la guerra. que cualquier clero jam√°s proporcionado.

Con todos los nobles, parientes y clérigos unidos detrás del rey, el primer acto termina con un sentido perfecto de unidad de estado, iglesia y ciudadanía.

Existe una completa y absoluta confusi√≥n acerca de c√≥mo alguien podr√≠a presentar un caso fuerte y leg√≠timo para el reclamo de Enrique al trono franc√©s. La afirmaci√≥n de Enrique se basa en una afirmaci√≥n endeble de que su tatarabuelo, que estaba en la l√≠nea de sucesi√≥n al trono franc√©s, se cas√≥ con su tatarabuelo, Eduardo II de Inglaterra. Sin embargo, hubo muchos descendientes varones que tienen mucho m√°s derecho a reclamar la legitimidad del trono franc√©s. Y m√°s all√° de todos los dem√°s asuntos, el rey Eduardo III renunci√≥ para siempre a cualquier reclamo de cualquiera de los soberanos de Inglaterra al trono de Francia. En conclusi√≥n, el rey Enrique V no tiene ning√ļn reclamo en absoluto, y el discurso del arzobispo simplemente oscurece todos estos temas.



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