Entendiendo la escritura de Kafka



Ensayos críticos Comprender la escritura de Kafka

Un gran problema al que se enfrentan los lectores de los cuentos de Kafka es encontrar un camino a trav√©s de la cada vez m√°s densa mara√Īa de interpretaciones. Entre los muchos enfoques que encontramos est√° el enfoque autobiogr√°fico. Esta interpretaci√≥n afirma que las obras de Kafka son poco m√°s que reflejos de la tensi√≥n de toda su vida entre la solter√≠a y el matrimonio o, en otro nivel, entre su escepticismo y su naturaleza religiosa. Si bien es probable que sea cierto que a pocos escritores se les ha hecho exclamar: ¬ęMi escritura fue sobre ti¬Ľ. [his father]. En ella solo derram√© la tristeza de no poder suspirar en tu pecho¬Ľ [Letter to His Father]Sin embargo, es peligroso considerar las angustias que impregnan su obra s√≥lo en estos t√©rminos. El desencanto de Kafka y el eventual odio hacia su padre fueron un est√≠mulo para escribir, pero no explican la fascinaci√≥n de su escritura ni nos dicen por qu√© escribi√≥.

El enfoque psicol√≥gico o psicoanal√≠tico de Kafka ignora en gran medida el contenido de sus obras y utiliza los ¬ęhallazgos¬Ľ de diagn√≥stico como la llave maestra para abrir el mundo de Kafka. Sabemos que Kafka conoc√≠a las ense√Īanzas de Sigmund Freud (lo dice expl√≠citamente en su diario, despu√©s de terminar de escribir ¬ęEl Juicio¬Ľ en 1912) y que trat√≥ de expresar sus problemas a trav√©s de s√≠mbolos en el sentido freudiano. Por lo tanto, uno puede leer a Kafka teniendo en cuenta las ense√Īanzas de Freud. Una vez que esto se convierte en m√°s de una de las muchas ayudas para la comprensi√≥n, es probable que uno no lea a Kafka sino a un texto sobre psicoan√°lisis aplicado o simbolog√≠a freudiana. El mismo Freud se√Īal√≥ a menudo que el an√°lisis de los valores art√≠sticos no est√° dentro del alcance de los m√©todos anal√≠ticos que ense√Ī√≥.

Est√° la interpretaci√≥n sociol√≥gica, seg√ļn la cual la obra de Kafka es s√≥lo un espejo de la situaci√≥n sociol√≥gico-hist√≥rica en la que vivi√≥. Para el cr√≠tico que argumenta de esta manera, la cuesti√≥n no es lo que realmente dice Kafka, sino las razones por las que supuestamente lo dijo. Lo que tienen en com√ļn las interpretaciones sociol√≥gicas y psicol√≥gicas es la falsa suposici√≥n de que el descubrimiento de las fuentes sociales o psicol√≥gicas de la experiencia del artista invalida el significado expresado por su arte.

Dentro del tipo de interpretaci√≥n sociol√≥gica, uno de los m√©todos de cr√≠tica m√°s populares juzga el arte de Kafka seg√ļn si contribuy√≥ o no al progreso de la sociedad. Siguiendo el dicho marxista-leninista de que el arte debe funcionar como una herramienta para la realizaci√≥n de una sociedad sin clases, este tipo de interpretaci√≥n prevalece no solo en los pa√≠ses comunistas sino tambi√©n entre los cr√≠ticos de la Nueva Izquierda de este lado de las cortinas de hierro y bamb√ļ. La cr√≠tica marxista de Kafka ha oscilado entre la condena directa del fracaso de Kafka para extraer las consecuencias de su propia victimizaci√≥n por parte de la burgues√≠a y entre declaraciones que enfatizan la cualidad pro-proletaria de sus h√©roes. Que Kafka fue el propagador de la clase obrera como clase revolucionaria fue sostenido no solo por la cr√≠tica comunista oficial, sino tambi√©n por los ¬ęprogresistas¬Ľ occidentales. Y es cierto que Kafka compuso un panfleto lamentando la situaci√≥n de los trabajadores. Sin embargo, en una conversaci√≥n con su amigo Janouch, elogi√≥ la Revoluci√≥n Rusa y expres√≥ su temor de que sus connotaciones religiosas pudieran conducir a una especie de cruzada moderna con un n√ļmero terrible de vidas. Ciertamente, un escritor del calibre de Kafka puede describir el terror de un r√©gimen totalitario emergente (la Alemania nazi) sin ser un precursor del comunismo, como suele afirmar la cr√≠tica comunista. Tambi√©n se puede leer El proceso como la historia de la victimizaci√≥n de Joseph K. por parte de los nazis (tres de las hermanas de Kafka murieron en un campo de concentraci√≥n); de hecho, es uno de los mayores tributos que se le puede rendir a Kafka hoy en d√≠a el hecho de que haya sido capaz de pintar el horror todav√≠a latente del nazismo de manera tan convincente. Pero no se debe pasar por alto ni ignorar que Kafka fue, ante todo, un poeta; y ser poeta significa dar expresi√≥n art√≠stica a los muchos niveles y matices de nuestra caleidosc√≥pica condici√≥n humana. Ver a Kafka como un revolucionario social o pol√≠tico porque su m√©dico rural, por ejemplo, o el agrimensor del castillo buscan cambiar su destino a trav√©s de la participaci√≥n voluntaria en lugar de la presi√≥n externa equivale a distorsionar la cualidad universal de Kafka para encajarlo en un marco ideol√≥gico.

√ćntimamente vinculados a la cualidad cuasirreligiosa de las interpretaciones marxistas de las historias de Kafka est√°n los numerosos intentos filos√≥ficos y religiosos de descifrar la composici√≥n de su mundo. Van desde la argumentaci√≥n teol√≥gica sofisticada hasta la pura especulaci√≥n. Si bien la naturaleza religiosa de Kafka es un tema lo suficientemente complejo y controvertido como para merecer una menci√≥n aparte, los cr√≠ticos que argumentan en este sentido tampoco son capaces, como sus colegas sociol√≥gicos y psicol√≥gicos, de considerar a Kafka simplemente como un artista. Lo que todos tienen en com√ļn es la creencia de que el ¬ęverdadero significado¬Ľ de Kafka se encuentra m√°s all√° de sus par√°bolas y s√≠mbolos y, por lo tanto, puede expresarse mejor en formas que √©l mismo evit√≥ por una u otra raz√≥n. La presunci√≥n de este enfoque particular radica en la creencia de que el artista depende del fil√≥sofo para traducir sus modos ambiguos de expresi√≥n en t√©rminos l√≥gicos y abstractos. Todo ello para no cuestionar la mentalidad filos√≥fico-religiosa de Kafka y su preocupaci√≥n por las cuestiones √ļltimas de la existencia humana. Pero vivi√≥, pens√≥ y escribi√≥ en im√°genes y no en estructuras conceptuales ¬ęcodificadas¬Ľ. El propio Kafka pensaba en sus relatos s√≥lo como puntos de cristalizaci√≥n de sus problemas: Bendemann, Samsa, Gracchus, el artista del hambre, el m√©dico rural, Josef K. y K. de El castillo, todos estos hombres son parientes intelectuales y art√≠sticos. Kafka, pero no bastar√° con reducir sus im√°genes deliberadamente abiertas a una colecci√≥n de datos.

Las interpretaciones son siempre un tema delicado, y en el caso de Kafka quiz√°s m√°s que en otros. La raz√≥n de esto es que sus obras son 1) esencialmente protestas contra las leyes inexplicables que rigen nuestras vidas; 2) retratos del drama humano que se desarrolla en varios niveles vagamente entrelazados, otorgando as√≠ una calidad universal a su obra; y 3) muy imbuido de su alto grado de sensibilidad que respondi√≥ de manera diferente a situaciones similares en diferentes momentos. Particularmente este √ļltimo aspecto sugiere incohesi√≥n y paradoja a la mente que insiste en empujar las historias de Kafka hacia su n√ļcleo a menudo irracional. Las pinturas de Kafka permanecen, como no se cansaba de se√Īalar Max Brod, no s√≥lo para s√≠ mismas sino tambi√©n para algo m√°s all√° de ellas.

Estas dificultades han llevado a muchos estudiosos a afirmar que Kafka rara vez pens√≥ en algo espec√≠fico en sus historias. Desde este punto de vista, es s√≥lo un peque√Īo paso hacia la actitud relativista de que toda interpretaci√≥n de Kafka es tan buena como cualquier otra. A esto, uno podr√≠a responder que ¬ęno pensar en nada espec√≠fico¬Ľ no es lo mismo que ¬ępensar en muchas cosas a la vez¬Ľ. ¬ęEl arte de Kafka es, sobre todo, capaz de hacer esto a la perfecci√≥n. Por parad√≥jico que pueda parecer a primera vista, ver la obra de Kafka desde varios puntos de vista no es una invitaci√≥n al relativismo total, sino una cierta garant√≠a de que los distintos niveles de su se conocer√° el trabajo.

A pesar de las muchas diferencias en el enfoque de los escritos de Kafka, en √ļltima instancia, todos deben tratar con un mundo herm√©ticamente cerrado. Cualquier cosa que Kafka exprese es un reflejo de su propio yo complejo en medio de una constelaci√≥n social y pol√≠tica concreta, pero es un reflejo roto y distorsionado por los filos agudos de su mente anal√≠tica. Entonces, las personas que tus h√©roes conocen y ven a trav√©s de sus ojos no son ¬ęreales¬Ľ en el sentido psicol√≥gico, ni ¬ęverdaderas¬Ľ en el sentido emp√≠rico, ni ¬ęnaturales¬Ľ en el sentido biol√≥gico. Su √ļnica marca distintiva es ser algo creado. Kafka le coment√≥ una vez a su amigo Janouch: ¬ęNo dibuj√© hombres. Cont√© una historia. Son im√°genes, solo im√°genes¬Ľ. Que haya logrado dotarlos de la plausibilidad suficiente para elevarlos al nivel de s√≠mbolos y par√°bolas vivientes es el secreto de su arte.

Las historias de Kafka no deber√≠an tentarnos a analizarlas en la l√≠nea de fantas√≠a versus realidad. Un mundo inmutable y alienado se despliega ante nosotros, un mundo gobernado por sus propias leyes y que desarrolla su propia l√≥gica. Este mundo es nuestro mundo y, sin embargo, no lo es. ¬ęSus im√°genes y s√≠mbolos est√°n tomados de nuestro mundo fenom√©nico, pero tambi√©n parecen pertenecer a otra parte. Sentimos que nos encontramos con personas que conocemos y situaciones que experimentamos en nuestra propia vida cotidiana y, sin embargo, estas personas y situaciones aparecen de alguna manera. Son reales y f√≠sicos, pero tambi√©n grotescos y abstractos. Utilizan un lenguaje sobrio y poco glamuroso para garantizar una comunicaci√≥n significativa entre ellos, pero fallan, se cruzan como barcos en una niebla impenetrable. Pero incluso esa niebla, el reino de lo surrealista (s√ļper -real), tiene algo de convincente.

Finalmente, el lector parece tener dos opciones sobre c√≥mo ¬ęleer¬Ľ a Kafka. Una es ver el mundo de Kafka lleno de par√°bolas y s√≠mbolos, magnificado y fant√°sticamente distorsionado (y por lo tanto infinitamente m√°s real), un mundo que nos confronta con una visi√≥n on√≠rica de nuestra propia condici√≥n. La otra opci√≥n es renunciar a cualquier intento de comprender su mundo y exponerse a su atm√≥sfera de inquietante ansiedad, visionaria extra√Īeza y, en ocasiones, d√©biles promesas de esperanza.



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