En el resumen del estudio de un artista

El soneto comienza enfoc√°ndose en un rostro, uno que mira al orador desde un retrato pintado sobre lienzo. Las pesadas l√≠neas del pent√°metro y√°mbico crean una sensaci√≥n inmediata de repetici√≥n, y cuando el hablante escanea la habitaci√≥n, ¬ęnosotros¬Ľ notamos que todo lo que ve son retratos de la misma persona, sentada, caminando, inclinada, repetida. hasta el hast√≠o. Sin embargo, en la tercera l√≠nea, la mirada del hablante se posa en un retrato en particular y queda cautivada. Este retrato es diferente; en √©l, la mujer aparece como ¬ęuna reina¬Ľ, ¬ęuna santa¬Ľ y ¬ęun √°ngel¬Ľ hasta que se interrumpe el gui√≥n y el punto y coma en la l√≠nea 7, y se rompe el trance: aunque ha vislumbrado aqu√≠ de algo bastante cercano a un fiel reflejo de la esencia viva de la mujer, el hablante no puede ignorar la repetici√≥n casi asfixiante del retrato de la mujer en este estudio.

Pasando a la segunda mitad del soneto, el orador ahora reflexiona sobre el artista responsable de estos retratos. Para √©l, concluye, cada retrato tiene un significado id√©ntico; para el hablante, la naturaleza individual de cada retrato no tiene valor, y las representaciones son un juego de suma cero donde el artista crea el mismo producto, por diversos medios, una y otra vez. Ahora la repetici√≥n permite al hablante imaginar al artista como un par√°sito que se alimenta de su creaci√≥n. Al cerrar el soneto, el lector se queda con la inquietante conclusi√≥n de que el artista, al crear estos muchos retratos inquietantemente id√≠licos, se ha enga√Īado a s√≠ mismo al representar a una mujer que existe solo como una imagen en su mente.

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