El diablo



El an√°lisis del car√°cter del diablo

Su Majestad Sat√°nica, que gobierna en su palacio de recreo, ¬ęno es nada diferente de Mendoza¬Ľ, aunque mucho mayor. Sus modales parecen perfectos, pero es evidente que son un barniz puesto por alguien que en realidad es bastante vulgar. Cuando se recuerda que Mendoza, el mozo convertido en bandolero, era un rom√°ntico incurable que sufr√≠a de amores no correspondidos por una cocinera, y que ten√≠a algo de poeta, se comprende por qu√©, entre todos los personajes de la obra misma, el Diablo debe parecerse a √©l Seguramente el Diablo de Shaw no es m√°s aterrador que Mendoza y tan dotado como un orador. Adem√°s, es el dem√≥crata absoluto, ya que sabe que la mayor√≠a de la humanidad, particularmente en Inglaterra, son so√Īadores y vagabundos como √©l. Se contenta con dejar el Cielo a aquellos pocos que reconocen y aceptan la realidad y que no buscan el placer. Sin embargo, es lo suficientemente engre√≠do como para resentir que Don Juan se vaya del Infierno, lo cual es una derrota pol√≠tica para el Diablo.

El Diablo es un maestro de la autoexplicaci√≥n, sintiendo constantemente que debe explicarse y justificarse a s√≠ mismo. A pesar de una especie de afabilidad que parece emanar de √©l, se vuelve ¬ęmolesto y sensible cuando sus avances no son correspondidos¬Ľ. Es bastante voluble al denunciar a aquellos que (como Milton en Para√≠so perdido) o ¬ędistorsionada¬Ľ. De vez en cuando, puede ofrecer aforismos ingeniosos y sorprendentes dignos de un Jack Tanner, como cuando declara: ¬ęUn ingl√©s piensa que es moral cuando solo se siente inc√≥modo¬Ľ. Y su devastadora acusaci√≥n del hombre como criatura destructiva, en la que resume los cr√≠menes del siglo pasado y predice otros m√°s terribles por venir, es digno de un Jonathan Swift. Pero no es un pensador; es notoriamente superficial y su inteligencia a menudo es tensa o d√©bil. A diferencia de don Juan, que no es menos consciente de las pretensiones y los fracasos del hombre, se contenta con vagar. Su soluci√≥n es que el hombre busque refugio en un mundo ilusorio donde pueda deleitarse en emociones tiernas y no ser perturbado por serios problemas morales, pol√≠ticos y econ√≥micos. Deja que el hombre simplemente imaginar que est√° viviendo, ese es el consejo del diablo. As√≠, su Infierno, tan atractivo para la Estatua y para la mayor√≠a de los dem√°s, es el reino de los sentimentalistas que hablan eternamente del amor y la belleza; es un √°mbito donde todos se sienten c√≥modos, sin tener que esforzarse intelectualmente en nombre de la humanidad.



Deja un comentario