El conde de monte cristo



Resumen y Análisis Capítulos 68-72

Resumen

Cuando Montecristo y Maximilien se van de París, el Conde le pregunta al joven Morrel si se arrepiente de haber ido con él. Maximilien, por supuesto, confiesa su terrible y agonizante dolor por Valentine, pero Montecristo lo insta a recordar que, sobre todo, los amigos que mueren están en nuestros corazones para siempre, no en la tierra. Le pide a Maximilien que abandone su mal humor. Luego, los dos hombres se embarcan en un viaje por mar caracterizado por una de las pasiones del Conde: la velocidad. E incluso Maximilien se permite sentir la embriaguez del viento en su cabello.

Despu√©s de atracar en Marsella, Maximilien se dirige al cementerio donde est√° enterrado su padre y Montecristo va a visitar a Mercedes, que vive en la casa donde vivi√≥ el padre de Dant√®s. dinero que Dant√®s enterr√≥ veinticuatro a√Īos antes.) Est√° sentada en un cenador, llorando cuando el Conde la encuentra. √Čl le dice que Albert hizo lo correcto cuando se uni√≥ al ej√©rcito, que ahora se fortalecer√° a trav√©s de la adversidad. Quedarse en Marsella solo amargar√≠a a Albert. Merc√©d√®s es abundante en su agradecimiento por todo lo que ha hecho Dant√®s, pero se opone; √©l era solo un agente de Dios, dice, trayendo desastre y sufrimiento a los villanos responsables de su cautiverio, sus largos a√Īos de soledad encarcelada y su dolor inconmensurable. Es solo una parte de un gran proyecto. √Čl le dice a Merced√®s que tal vez alg√ļn d√≠a le permita compartir su riqueza con ella, y ella accede a aceptar su generosidad, pero solo con el permiso de Albert. Luego toca la mano temblorosa del Conde y le dice Hasta la vista (hasta que nos volvamos a encontrar) en lugar de un adi√≥s. Al apartar la mirada hacia el puerto, sus ojos no est√°n sobre la figura del conde que va disminuyendo lentamente; en cambio, est√°n en un barco √ļnico, peque√Īo y distante que le quita a su hijo. Sin embargo, en su coraz√≥n, una peque√Īa voz susurra: ¬ę¬°Edmond! ¬°Edmond!¬Ľ

Montecristo solo puede pensar en una cosa; puede que nunca vuelva a ver a Mercedes. Una vez, √©l era tan arrogante y confiado. Ahora tiene dudas. Introspectivamente, se pregunta si hizo bien en seguir el camino de la venganza durante diez a√Īos. Pero solo brevemente cuestiona sus acciones. Instant√°neamente se deleita con la belleza del d√≠a, el cielo, los barcos y el puerto. Pero de nuevo, el oscuro estado de √°nimo de la memoria lo envuelve cuando recuerda cierto barco en este mismo puerto, el barco que lo llev√≥ a la horrible prisi√≥n de Chateau d’If.

El Conde alquila una embarcaci√≥n de recreo en las cercan√≠as y la lleva a la antigua prisi√≥n, que desde la Revoluci√≥n de Julio se utiliza solo como curiosidad para el terror y el castigo. Est√° vac√≠o ahora. Una palidez fr√≠a se apodera del Conde mientras desembarca. Consigue un gu√≠a y pide que lo lleven a su antigua celda. Tiene curiosidad por saber si hay alguna historia relacionada con esta celda en particular, y se sorprende al descubrir que se llena de miedo cuando escucha a un completo extra√Īo contar todos los detalles del encarcelamiento de Edmond Dant√®s ¬ęese hombre peligroso¬Ľ. y los detalles del arresto de ¬ęun pobre sacerdote que se ha vuelto loco¬Ľ (Faria). Escucha con sudor fr√≠o mientras su gu√≠a le cuenta sobre el pasaje secreto que hicieron los dos hombres, sobre la enfermedad y la muerte de Faria, y sobre el atrevido e ingenioso escape de Dant√®s del supuestamente ineludible Chateau d’If.

Montecristo pide ver la celda de este ¬ępobre sacerdote loco¬Ľ y luego, conmovido, le da al gu√≠a veinticuatro francos de oro (simb√≥licamente, un franco al a√Īo desde que fue arrestado). El gu√≠a queda confundido ante tanta generosidad, por lo que impulsivamente decide mostrarle a Montecristo ¬ęuna especie de libro escrito sobre retazos de tela¬Ľ. Este es el libro que Farina escribi√≥ meticulosamente, en el que verti√≥ todos los tesoros de su conocimiento y sabidur√≠a. En √©l, Montecristo ve la frase ¬ę‘T√ļ sacar√°s los dientes del drag√≥n y pisotear√°s a los leones’, dice el Se√Īor¬Ľ. ¬°Esta es, pues, la prueba sagrada! Esta es una se√Īal que alivia el coraz√≥n inquisitivo de Montecristo. Aqu√≠, Dios justifica y demandas ¬°venganza! Compra impulsivamente el libro hecho de retazos y tiras de tela, mete diez mil francos en una cartera y hace prometer al gu√≠a que no abrir√° la cartera hasta despu√©s de su partida. As√≠ que llama a un barquero y le ordena que navegue inmediatamente a Marsella. ¬°Tu victoria es completa! No tiene m√°s dudas.

Montecristo encuentra a Maximilien, todav√≠a en el cementerio, y le dice que se re√ļna con √©l en la isla de Montecristo en cinco de octubre. Un yate te estar√° esperando para llevarte all√≠. Entonces, si Maximilien todav√≠a est√° convencido de que debe suicidarse debido a su sufrimiento no aliviado por Valentine, el Conde le dar√° permiso para morir. Incluso te ayudar√°. Pero por ahora, debe ten esperanza y vivir. Montecristo se despide de √©l.

Mientras tanto, Monsieur Danglars huye felizmente de Par√≠s. Ele consegue cinco milh√Ķes de francos da firma de Thomson e French (a firma de Monte Cristo), e observe neste cap√≠tulo quem √© o empregado na sala dos fundos da firma: √Č Peppino, o bandido bonito e bronzeado a quem Dant√®s conseguiu um perd√£o por mucho tiempo atras. Adem√°s, se menciona a Luigi Vampa, el rey bandido que secuestr√≥ a Albert de Morcerf. Claramente, ambos son parte del plan de Montecristo para hacer que Danglars (el ex comandante de la fara√≥n) sufre por su participaci√≥n en el injusto encarcelamiento de Edmond Dant√®s.

Cuando Danglars termina sus transacciones bancarias, un carruaje lo est√° esperando y se lo llevan de Roma justo antes del anochecer; luego el carro se detiene y comienza de nuevo. De repente, Danglars se da cuenta de que lo est√°n tomando. de vuelta a Roma. El carruaje se detiene y se le ordena a Danglars que se vaya. Lo llevan por una ruta sinuosa hasta una cueva, entreabierta como un p√°rpado, y dentro de una celda hecha de roca hueca. Obviamente, sus secuestradores no pretenden matarlo, a pesar de reconocer entre los bandidos al villano Luigi Vampa. Se duerme esa noche confiado en que Y si se redime, la suma ser√° pagada.

Por la ma√Īana, Danglars pide comida, pero para su sorpresa descubre que tiene que pagar: 100.000 francos. por comida. Intenta protestar e intenta ayunar, pero dos semanas despu√©s, su flujo de efectivo se agota y est√° casi loco de hambre y frustraci√≥n. Qu√© Lo hace lo quieren? A veces piensa en la muerte con a√Īoranza; √©l es tan miserable. Finalmente, cuando todo su dinero se ha ido, le ruega a Vampa solamente la oportunidad de vivir – aqu√≠ en estas cuevas si es necesario. Solo quiere la oportunidad de tener suficiente para comer. √Čl gime de dolor y luego escucha una voz profunda y solemne que pregunta: ¬ę¬ŅTe arrepientes?¬Ľ La voz proviene de una figura escondida en las sombras que lleva una capa. Danglars grita que √©l ¬°remordimientos! Entonces Montecristo da un paso adelante y perdona a Danglars, pero le dice que √©l, Montecristo, est√° no un conde En cambio, es el hombre que Danglars traicion√≥ y deshonr√≥ hace a√Īos: es Edmond Dant√®s.

Danglars suspira, grita y cae al suelo. Cuando se recupera, es libre; fue abandonado a la vera del camino. Se agacha para beber de un arroyo y se queda atónito: su cabello se ha vuelto blanco.

An√°lisis

En estos cap√≠tulos, Montecristo comienza a poner su vida en la perspectiva adecuada. Se despide de Par√≠s, creyendo que ‚Äúall√° me llev√≥ el esp√≠ritu de Dios, y me llev√≥ triunfante. Solo √©l sabe que ahora me voy sin odio ni orgullo, pero no sin arrepentimiento; solo √©l sabe que no he usado el poder. me ha confiado para m√≠ o para causas vanas. Ahora mi trabajo est√° hecho, mi misi√≥n cumplida. ¬°Adi√≥s, Par√≠s, adi√≥s! Luego visita a Merced√®s y se marcha en paz y entendimiento entre ellos y con la implicaci√≥n de que velar√° constantemente por la futura fortuna de su hijo, Albert de Morcerf. Luego visita el infame Chateau d’If y despu√©s de dar una generosa propina al gu√≠a, recibe el libro que Abb√© Faria escribi√≥ en tiras de tela. Su alegr√≠a por poseer finalmente el manuscrito del abad es inconmensurable.

Entonces Dumas dirige nuestra atenci√≥n a la venganza de Montecristo contra Danglars. Si recordamos que Fernand (Conde de Morcerf) amaba a su mujer y a su hijo por encima de todo, y que su castigo final lleg√≥ cuando lo negaron y dejaron su casa con las manos vac√≠as, y si recordamos que Villefort atesoraba su imagen p√ļblica y su ambici√≥n m√°s que nada, y que al final qued√≥ arruinado p√ļblicamente, tambi√©n hay que recordar que Danglars no ama nada tanto como ama el dinero. En consecuencia, Montecristo arregla las cosas para que Danglars pierda dinero constantemente, pero aun as√≠, Danglars logra salir de Francia con m√°s de cinco millones de francos malversando y robando de varias fuentes, principalmente de hospitales de caridad.

Danglars llega a Roma, totalmente inconsciente de que Montecristo ha informado (1) a la firma bancaria de Thomson and French; (2) Peppino, la persona que Montecristo salv√≥ antes de la ejecuci√≥n; y (3) Luigi Vampa, el bandido italiano especializado en secuestros (anteriormente secuestr√≥ a Albert de Morcerf). As√≠ que cuando Luigi Vampa secuestra a Danglars y lo obliga a pagar su comida o morir de hambre -100.000 francos por un pollo- eso demanda de dinero crucifica a Danglars m√°s que a nadie f√≠sico dolor. Finalmente, Montecristo se revela a Danglars: ¬ęSoy el hombre al que has traicionado y deshonrado, el hombre cuya novia has prostituido, el hombre al que has recorrido el camino de la fortuna, el hombre cuyo padre has matado de hambre, el hombre hombre a quien condenasteis a morir de hambre, pero que ahora lo perdona porque √©l mismo necesita ser perdonado. Soy Edmond Dant√®s.

Esta revelación es demasiado para Danglars, porque cuando es liberado con solo una miseria de su fortuna restante, su cabello se ha vuelto completamente blanco. Ahora, el Conde de Montecristo finalmente se vengó de todos sus enemigos.



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