Capítulos 4-10



Libro de resumen y revisión 2: Capítulos 4-10

Resumen

Con una pandilla de amigos, Agostinho invade un huerto por la noche y roba un montón de peras. No quería las peras, ni lo motivaba ningún interés propio. Simplemente disfrutó el acto de hacer el mal por sí mismo. Atrapada en un amor mal dirigido por los bienes terrenales, el alma se separa de Dios y trata de demostrar su poder sobre Dios quebrantando las leyes de Dios. Agustín también sabe que nunca habría cometido el robo solo. Se retira con disgusto de la contemplación de su crimen, refugiándose en la paz de Dios.

Análisis

Los lectores pueden preguntarse por qué Agustín prodiga un autoescrutinio tan angustioso e intenso sobre lo que parece ser una delincuencia juvenil menor: el robo de unas pocas peras del huerto de un vecino. Sin embargo, no tome la descripción al pie de la letra, porque Agustín está usando este episodio para servir como un ejemplo genérico de todos los otros pecados cometidos en su juventud y los pecados comunes de la humanidad. Visto de esta manera, el Libro 2 señala dos tipos de pecado: El primero, la lujuria, es un ejemplo de amor mal dirigido, un intento confuso de buscar satisfacción en cosas pasajeras que nunca pueden satisfacer verdaderamente.

El segundo tipo de pecado, el amor al error por causa de él, es más difícil de clasificar. Al examinar sus acciones, Agustín expresa consternación por su completa falta de motivación lógica para el robo. Todo crimen tiene un motivo, dice, y es fácil entender los crímenes motivados por la codicia o algún otro interés propio. Pero Agustín ni siquiera quería las peras. El robo de Agustín no tenía más excusa que la ilícita emoción de hacer algo mal.

Agustín concluye que este pecado es una especie de rebelión contra la omnipotencia de Dios, un perverso intento de demostrar la imaginada autosuficiencia del alma. Aun tratando de negar la omnipotencia de Dios, el pecador la imita, demostrando así que nada está fuera de la plenitud y del dominio de Dios. Al igual que el amor mal dirigido por los demás que está en la raíz de la lujuria, el amor mal dirigido por uno mismo está en la raíz de la rebelión.

El robo de peras tiene otras implicaciones si lo considera genérico en lugar de específico. La desobediencia fundamental y la caída en desgracia de la humanidad involucraron la toma inapropiada de la fruta de un árbol en un jardín, como se relata en la historia de la Caída (Génesis 2-3). Más tarde, la conversión final de Agustín tiene lugar bajo un árbol frutal en un jardín, contrastando con un episodio actual de pecado así como con el de Adán y Eva. Algunos eruditos han visto la historia del robo de peras simplemente como una metáfora extendida del pecado de la promiscuidad, el tema que comienza en la primera parte del Libro 2. Esta interpretación también tiene vínculos con la historia de Adán y Eva, porque la caída de la humanidad incluía una caída de la inocencia sexual. El mismo Agustín describe el pecado en el Libro 2:6 como la «fornicación» del alma contra Dios.

Por mucho que se preocupe por el análisis de sus propios pecados individuales, Agustín siempre se preocupa por la vida de los seres humanos dentro de la sociedad y aquí choca contra un muro. Sabe que nunca habría cometido el robo si no hubiera estado con un grupo de amigos. En términos contemporáneos, es consciente de la influencia de la presión de los compañeros, sutil y tácita, sobre su propio comportamiento. Agustín trata de explicar exactamente cómo opera esta presión social. ¿Qué tienen los seres humanos en grupos que los hace tan susceptibles a los impulsos irracionales, impulsos que nunca seguirían si estuvieran solos? Para Agustín, que tanto valora la amistad, este sigue siendo un problema insoluble. Las personas en grupos pueden apoyarse en el bien, como lo hace más tarde su pequeña comunidad de amigos en Cassiciacum, y alentarse en el mal, como lo hace su pandilla de amigos de la infancia en el huerto.

Glosario

catilina d. 62 aC; conspirador romano. Agustín cita la historia de la carrera de Catilina por Salustio (c. 86-35 a. C.), en la que se representa a Catilina como un villano arquetípico.



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