Capítulo XXXVI



Resumen y Análisis Parte 2: Capítulo XXXV

Resumen

La música anuncia la llegada de un carro. En una plataforma en la parte trasera se sienta una hermosa mujer joven con un velo sobre su rostro, mientras que una figura vestida de negro que dice ser Merlín está de pie junto a ella. Si Sancho Panza diera voluntariamente tres mil trescientos latigazos en sus «nalgas desnudas y musculosas», se rompería el encantamiento. Sancho se estremece violentamente ante estas palabras de Merlín y con cien objeciones se niega a trabajar en esta tarea. Amenazado por Don Quijote, suplicado por Dulcinea, Sancho finalmente cede después de que el duque promete entregar su gobierno a un gobernante más compasivo. Sin embargo, el escudero impone algunas condiciones a su tarea de vincularse a sí mismo, a lo que Merlín accede. Don Quijote ahora abraza a su escudero, besándolo repetidamente en agradecimiento. El duque y la duquesa también están satisfechos y resueltos a continuar con otras tan agradables diversiones.

Análisis

Para una broma tan insólita y aparentemente cruel, hay que concluir que no es broma, y ​​que la flagelación de Sancho satisface ciertas condiciones de vida de su escudero.

Los religiosos penitentes se flagelan para purificar sus almas humillando sus cuerpos y así obtener la gracia y la recompensa celestial después de la muerte. Sancho, escudero de un caballero andante imbuido de una misión un poco más profana, pero todavía santo, debe ser azotado para merecer servir a Dulcinea. Sólo por la fe en este ideal puede Sancho alcanzar la inmortalidad.

Don Quijote, que ya ha hecho su penitencia, ya está al servicio de su ama y soporta con alegría el sufrimiento por ella. Pero Sancho no es así, y aunque su «Dulcinea» es su isla, debe sin embargo hacer penitencia para ganar su recompensa. El duque incluso amenaza al escudero, diciendo: «Sin flagelación, no hay gobierno», y en el colmo, Sancho cede. En otras palabras, ahora Sancho debe servir a Dulcinea. Al crear su encantamiento, creó, en cierto sentido, a Dulcinea, aunque de una manera totalmente opuesta a como la creó Don Quijote. Sancho debe ahora, a través de sus errores pasados, comprometerse por completo con el ideal quijotesco.



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