Capítulo XXIV



Resumen y Análisis Parte 1: Capítulo XXV

Resumen

Mientras Sancho y Don Quijote cabalgan más hacia las montañas, el caballero revela sus planes. Sancho debe ir al Toboso y entregar una carta a doña Dulcinéia. Mientras tanto, Don Quijote hará penitencia en el desierto, a la manera de los caballeros andantes que hace mucho tiempo están ausentes de sus señoras. Describe a Sancho cómo expresará su locura y desesperación: «Me verás arrojar mis armas, rasgar mis vestidos, golpear mi cabeza contra las rocas y hacer otras mil cosas por el estilo que te llenarán de asombro». Su escudero le ruega que sea menos duro consigo mismo, pero el Don se muestra inflexible. Al escribir la carta, Don Quijote confiesa que apenas conoce a Dulcinea. Sancho se sorprende de que la amante ideal de su señor no sea otra que la hija de Lorenzo Corchuleo, su vecino. Charla sobre las virtudes de la muchacha y sus costumbres campesinas, y Don Quijote lo interrumpe con una pequeña parábola. «No importa cuál sea su pasado», concluye el caballero. «Dulcinea del Toboso, hasta donde yo la uso, es igual a la princesa más grande del mundo». Continúa diciendo que ninguna de las damas cuyas alabanzas resuenan en romances, novelas, poemas u oraciones, se hizo nunca de carne y hueso juicio sobre ellas.” Sancho, con lágrimas de despedida, se prepara para emprender el viaje.

Análisis

Don Quijote le explica a Sancho la verdadera identidad de su inigualable amante, informándole al ignorante escudero que la sublimidad de una dama poco tiene que ver con su verdadera persona. Al mismo tiempo, el loco revela la conciencia de Alonso Quixano, quien ha tenido una relación amorosa de doce años con una hermosa campesina a la que ha visto solo en cuatro ocasiones. Este amor insatisfactorio bien pudo haber llevado al héroe a entregarse a sus nociones románticas a través de libros de caballerías. Con la cabeza llena de «nociones desordenadas», se deduce que la humilde y frustrada búsqueda de la inmortalidad del noble al dar a luz a los hijos de Aldonza Lorenzo puede sublimarse en la búsqueda de la gloria de un caballero en nombre de Dulcinea. Cervantes traza así una relación entre el espíritu sepultado de Alonso Quijano, el Bueno, y el militante Don Quijote; entre el conocimiento que tiene el caballero de las identidades reales y las idealizaciones que forma conscientemente; entre, finalmente, la locura del caballero inspirado y la locura fingida del amante desilusionado.

Así como los fanáticos religiosos se esfuerzan por purificar sus almas del pecado pasando por severas dificultades, así Don Quijote hizo penitencia para afinar el alma común de Alonso Quijano. Otra razón de la locura en el desierto es el deseo de Don Quijote de prepararse, como los ayunantes caballeros de antaño, para nuevas aventuras. Cervantes, de hecho, termina con las aventuras burlescas del héroe demostrando su carácter, y después de este hechizo de respiración cambia el patrón de los encuentros del caballero. El héroe es colocado en el papel de hazmerreír, no sólo del autor, sino del mundo en general, y es este tema el que domina la segunda parte de la historia del caballero manchego.

Mientras da pistas sobre la naturaleza más profunda de Don Quijote, Cervantes también desarrolla la relación entre el amo y el escudero. Más que nunca dependen el uno del otro y lloran con la separación. La penitencia no es solo un período de soledad para el héroe, sino que pierde el trabajo de Sancho de asegurar la comida y adelgaza mucho debido a la mala alimentación. En cambio, Sancho ha confiado tanto en el intelecto de su amo, que cuando está solo es más tonto que nunca. Olvidándose por completo de llevar consigo la carta minuciosamente escrita y la orden de tres potros simbólicos ausentes del propio don Sancho literario, está tan desamparado que el cura y el barbero se aprovechan de él para gastarle una broma a D. él en casa por una cura de descanso.



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