Bill Gorton



Análisis del personaje de Bill Gorton

A pesar de que es s├│lo un jugador de apoyo en El sol tambi├ęn se eleva, Bill Gorton cumple muchos prop├│sitos en la novela. Como tal, ejemplifica el dominio de Hemingway en el arte de contar historias, incluso al principio de la carrera del autor.

En primer lugar, Bill proporciona un alivio c├│mico muy necesario en una historia fascinante, por lo dem├ís ininterrumpidamente oscura. Es cierto que muchos de los chistes de Bill, especialmente sobre la pesca de Burguete, no han sobrevivido a su ├ępoca; su humor de actualidad est├í tan fechado para nosotros como el de Shakespeare o Chaucer. Sin embargo, la charla borracha de Bill a su regreso a Par├şs desde Viena es eternamente c├│mica. Lo mismo ocurre con su b├║squeda ebria de un perro de peluche.

En segundo lugar, la presencia de Bill en la novela le da a Hemingway la oportunidad de una mayor caracterizaci├│n de su protagonista. Jake le dice cosas a Bill que no le dice a nadie m├ís, ni siquiera al lector. Aprendemos a trav├ęs de su amistad que Jake es capaz de mostrar generosidad y calidez hacia otro hombre (a diferencia de su comportamiento competitivo hacia Cohn). Y Bill nos muestra c├│mo aparece Jake por fuera, para aquellos que (a diferencia del lector) desconocen su tormento interior. Bill es la cara p├║blica de Jake.

A diferencia de Jake, Brett, Mike y el conde, Bill Gorton no luch├│ en una guerra, aunque un comentario sobre su presencia en Par├şs poco despu├ęs del armisticio indica que pudo haber sido corresponsal de guerra. Y, sin embargo, no solo Jake, sino que Brett y Mike tambi├ęn lo aceptan como pareja mientras rechazan a Cohn. ┬┐Bill es gay? Es pr├ícticamente el ├║nico personaje masculino indiferente a los encantos de Brett, el hechizo que lanza sobre los hombres de todas las edades y nacionalidades. Tal vez, como Jake, Bill luch├│ con un secreto sexual. Llevar la carga de su sexualidad en una cultura homof├│bica puede ser una batalla que Bill pelea todos los d├şas, una que le permite encajar de una manera que Robert Cohn no puede.



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