Antiguo Testamento de la Biblia



Resumen y análisis de Isaías

Resumen

El Libro de Isa√≠as, tal como aparece ahora en nuestro Antiguo Testamento, contiene mucho m√°s de lo que se puede atribuir al profeta. En conjunto, el libro es una colecci√≥n bastante grande de escritos que han sido producidos por varios autores diferentes, algunos de los cuales est√°n separados por per√≠odos de tiempo relativamente largos. Por ejemplo, los eruditos del Antiguo Testamento han reconocido durante mucho tiempo que los cap√≠tulos 1‚Äď39 constituyen una unidad bastante separada y distinta de los cap√≠tulos 40‚Äď66.

Los cap√≠tulos 1‚Äď39 generalmente se atribuyen al profeta Isa√≠as. Estos cap√≠tulos tratan principalmente de Jud√° y Jerusal√©n en un momento en que la ciudad a√ļn estaba en pie y cuando el reino del sur estaba amenazado de invasi√≥n por parte de los asirios. El grupo de cap√≠tulos que comienza con el cap√≠tulo 40 parece haber sido escrito desde el punto de vista de las condiciones que prevalecieron m√°s de un siglo despu√©s. De hecho, el escritor indica muy claramente que el cautiverio babil√≥nico existe desde hace mucho tiempo. √Čl cree que el castigo es casi completo; se acerca el tiempo en que los cautivos volver√°n a su tierra natal y reconstruir√°n la ciudad de Jerusal√©n, que ha estado en ruinas por mucho tiempo.

Una lectura cuidadosa de cada uno de estos dos grupos de cap√≠tulos revela que el profeta Isa√≠as no escribi√≥ todos los primeros treinta y nueve cap√≠tulos, ni una persona escribi√≥ todo lo que se encuentra en los cap√≠tulos 40‚Äď66. Amplia evidencia apunta al trabajo de varios autores diferentes. Los editores que reunieron toda la colecci√≥n de manuscritos los colocaron bajo el nombre de Isa√≠as porque estaban seguros de los materiales que le pertenec√≠an, y al juntarlos todos indicaban su ubicaci√≥n en los escritos sagrados, no la autor√≠a precisa de cada parte.

Isa√≠as fue un profeta del reino del sur. Su llamado a una vida prof√©tica lleg√≥ el a√Īo en que muri√≥ el rey Uz√≠as (740 aC), durante un per√≠odo cr√≠tico en la historia de la naci√≥n. Uz√≠as fue uno de los reyes m√°s grandes de Jud√°. Rein√≥ durante aproximadamente medio siglo, y durante este per√≠odo el reino disfrut√≥ de su mayor per√≠odo de prosperidad. Se establecieron relaciones comerciales con los estados vecinos y se desarrollaron los recursos internos del pa√≠s. Sin embargo, este aumento de la riqueza y la forma en que se distribuy√≥ trajo algunos problemas serios. El contraste entre ricos y pobres lleg√≥ a un estado alarmante, lo que trajo amenazas de revuelta por parte de quienes fueron despojados de sus tierras y otros bienes. Adem√°s, hab√≠a una amenaza adicional desde el exterior, porque el avance de los asirios contra el norte de Israel era una indicaci√≥n de que no estaba lejos el tiempo en que Jud√° pod√≠a esperar una invasi√≥n de los asirios. De hecho, la situaci√≥n era amenazante, pero como Uz√≠as era un gobernante fuerte y capaz, la gente confiaba en que √©l sabr√≠a c√≥mo lidiar con estos problemas. Entonces lleg√≥ la alarmante noticia de que el rey ten√≠a lepra y tendr√≠a que dejar Jerusal√©n y vivir en una colonia de leprosos fuera de la ciudad. Jotam, hijo de Uz√≠as, heredero al trono, no ten√≠a ninguna de las cualidades fuertes y admirables caracter√≠sticas de su padre. En cambio, era una persona d√©bil y vacilante, incapaz de inspirar confianza por parte de sus s√ļbditos. Uz√≠as vivi√≥ durante tres a√Īos en la colonia de leprosos. La noticia de su muerte conmocion√≥ y constern√≥ a todo el reino.

Durante ese tiempo y bajo estas circunstancias cr√≠ticas, Isa√≠as se convirti√≥ en profeta. La visi√≥n que interpret√≥ como su llamado al servicio est√° registrada en el cap√≠tulo 6 del Libro de Isa√≠as. El escenario en el que ocurri√≥ la visi√≥n es el Templo de la ciudad de Jerusal√©n. Aqu√≠ se concentraba la vida religiosa de la naci√≥n, ya este lugar Isa√≠as, un joven de unos veinte a√Īos, regres√≥ en un momento en que el futuro de su pa√≠s parec√≠a especialmente sombr√≠o. La vista se describe con considerable detalle. Su significado esencial se expresa en la profunda convicci√≥n del profeta de que, a pesar de la hora oscura de Jud√°, Yahv√© todav√≠a controla las naciones. Su gloria y majestad llenan toda la tierra. El contraste entre la santidad de Yahv√© y el estado pecaminoso en que cay√≥ el reino de Judea exige una acci√≥n inmediata. Alguien debe hablar por Yahv√© y comunicar el mensaje divino al pueblo. Sabiendo lo dif√≠cil que ser√≠a esta tarea, Isa√≠as afirma que no est√° en condiciones de realizarla. Luego tiene lugar un acto que simboliza una limpieza interior de su coraz√≥n y mente, despu√©s de lo cual responde a la llamada con las palabras ¬ęAqu√≠ estoy. ¬°Env√≠ame!¬Ľ

El ministerio de Isa√≠as dur√≥ aproximadamente medio siglo y continu√≥ durante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequ√≠as. La tradici√≥n nos dice que sufri√≥ la muerte de un m√°rtir durante el reinado del rey Manas√©s. Su trabajo lo puso en contacto directo con reyes y sacerdotes, y encontr√≥ una fuerte oposici√≥n de ambos grupos. A veces esta oposici√≥n era tan fuerte que se vio obligado a dejar de hablar en p√ļblico y limitar su ministerio a un grupo de disc√≠pulos con los que se reun√≠a en privado. En cuanto a los sacerdotes y los servicios que realizaban, Isa√≠as expres√≥ convicciones similares a las que Am√≥s y Oseas le dijeron al pueblo de Israel. Por ejemplo, hablando en nombre de Yahv√©, dice: ¬ę‘La multitud de vuestros sacrificios, ¬Ņqu√© son para m√≠?’ dice el Se√Īor¬Ľ. Y de nuevo, ¬ęTus festivales de Luna Nueva y tus fiestas designadas mi alma odia¬Ľ. Incluso insiste en que Yahv√© no escuchar√° las oraciones de la multitud: ¬ęCuando extiendas tus manos en oraci√≥n, esconder√© mis ojos de ti; aunque hagas muchas oraciones, no te escuchar√©. Tus manos est√°n llenas de sangre¬Ľ.

Con el mismo esp√≠ritu, Isa√≠as critica las pol√≠ticas econ√≥micas que no solo fueron sancionadas sino alentadas por los gobernantes de la tierra. En ‚ÄúEl canto de la vid‚ÄĚ, que probablemente fue cantado por el profeta, encontramos estas palabras: ‚Äú¬°Ay de vosotros que a√Īad√≠s casa en casa y un√≠s campo con campo hasta que no hay m√°s lugar y qued√°is solos en la tierra‚ÄĚ! . Este canto protesta contra la forma en que los pobres fueron privados de sus bienes para satisfacer los reclamos de sus acreedores, quienes injustamente se aprovecharon de sus desafortunadas circunstancias para enriquecerse.

La cr√≠tica del profeta a los reyes se expres√≥ en muchas ocasiones, pero nunca fue m√°s pronunciada que cuando protest√≥ por las alianzas extranjeras que se estaban negociando. Al principio del ministerio de Isa√≠as, advirti√≥ al rey Acaz de los peligros que implicaba una alianza con Asiria. Los jefes de dos reinos t√≠teres que eran todo lo que quedaba del norte de Israel le pidieron al rey Acaz que se uniera a ellos en una coalici√≥n contra Asiria. Cuando Acaz se neg√≥, amenazaron con hacerle la guerra. Acaz ten√≠a miedo y quer√≠a pedir ayuda a Asiria. Isa√≠as vio claramente la locura que estar√≠a involucrada en tal movimiento, y en una profec√≠a que a menudo se ha malinterpretado como una referencia a la venida del Mes√≠as, le advirti√≥ al rey Acaz que dentro de tres o cuatro a√Īos esos dos reinos t√≠teres que tem√≠a ser√≠an completamente derrotados. . Por otro lado, si Acaz quer√≠a proteger a Jud√°, deb√≠a prestar atenci√≥n a las condiciones que necesitaban una reforma moral. El rey Acaz no sigui√≥ el consejo de Isa√≠as. Sigui√≥ adelante con sus planes y, como resultado, Jud√° qued√≥ en una relaci√≥n subordinada al imperio asirio.

Durante el reinado del rey Ezequ√≠as, en dos ocasiones distintas, se hizo un intento de contener el creciente poder de los asirios mediante la formaci√≥n de alianzas que resistir√≠an cualquier otra agresi√≥n asiria. El primero de ellos fue promovido por los egipcios, quienes invitaron al rey de Judea a unirse a ellos. El segundo lo inici√≥ Merodac-Baladan de Babilonia, quien visit√≥ al rey Ezequ√≠as y trat√≥ de persuadirlo para que se uniera a Jud√° con los babilonios y los egipcios en un frente unido contra Asiria. El rey Ezequ√≠as, temiendo que Jud√° no pudiera estar solo, se inclin√≥ a unirse a la alianza, pero Isa√≠as sab√≠a que ser√≠a un grave error que el rey lo hiciera. En uno de los mensajes m√°s fuertes que entreg√≥ al rey, el profeta declar√≥: ¬ę¬°Ay de los que descienden a Egipto en busca de ayuda, que conf√≠an en los caballos, que conf√≠an en la multitud de sus carros… hombres y no Dios; su los caballos son carne y no esp√≠ritu. Cuando el Se√Īor extienda su mano, el que ayuda tropezar√°, el que es ayudado caer√°, ambos perecer√°n a una‚ÄĚ.

A pesar de los peligros inmediatos que enfrentaba la nación de Judá, Isaías confiaba en el triunfo final del pueblo hebreo. Al igual que Oseas, que había visto el cautiverio del norte de Israel que se acercaba como un mero preludio de una sociedad hebrea triunfante y reformada, Isaías estaba seguro de que cualquier desastre temporal no sería el fin definitivo del reino de Judea. El propósito de Yahweh en el mundo debía cumplirse a través del pueblo hebreo, lo que significaba que la ciudad de Jerusalén y lo que representaba nunca podrían ser completamente derrocados. Cuando los asirios invadieron Judá, capturaron muchas ciudades y exigieron que Ezequías entregara la ciudad de Jerusalén, Isaías aconsejó al rey que no cediera a sus demandas. Insistió en que Jerusalén era la ciudad de Sion y nunca caería. Al poco tiempo, el ejército asirio se retiró y por un breve tiempo Isaías fue vindicado.

Estrechamente relacionado con la ense√Īanza de Isa√≠as sobre el ¬ęremanente sobreviviente¬Ľ que ser√≠a la esperanza de Jud√°, estaban sus predicciones con referencia a la venida de un Mes√≠as, o ¬ęungido¬Ľ, que un d√≠a ocupar√° el trono en Jerusal√©n y gobernar√° la naci√≥n en justicia. . y rectitud. Ser√° un rey mucho mejor que cualquiera de los que le precedieron. Bajo su liderazgo, los pobres y oprimidos encontrar√°n un campe√≥n, porque √©l juzgar√° sus casos con mente perspicaz y no se dejar√° influenciar indebidamente por rumores o meras apariencias. Su reino ser√° el cumplimiento y cumplimiento del prop√≥sito divino en el mundo.

An√°lisis

La esperanza mesi√°nica de Israel, aunque impl√≠cita en las ense√Īanzas de algunos de los primeros profetas, encuentra su primera expresi√≥n clara en las profec√≠as de Isa√≠as. El t√©rmino Mes√≠as significa ¬ęungido¬Ľ, o alguien que ha sido escogido por Yahweh para el cumplimiento de un prop√≥sito espec√≠fico.

Los reyes y sacerdotes hebreos, as√≠ como los profetas, sol√≠an ser ungidos en una ceremonia especial que simbolizaba su dedicaci√≥n a la obra a la que hab√≠an sido llamados. Cuando Sa√ļl fue elegido como el primer rey de Israel, Samuel lo ungi√≥, y esta ceremonia simboliz√≥ la esperanza del pueblo de que la naci√≥n, bajo el liderazgo de Sa√ļl, cumplir√≠a su destino elegido. Pero Sa√ļl no estuvo a la altura de estas expectativas, al igual que todos los reyes que siguieron en la l√≠nea de sucesi√≥n del rey David. El hombre que sucedi√≥ al rey Uz√≠as era notoriamente d√©bil e incompetente, y fue durante su reinado que Isa√≠as centr√≥ su atenci√≥n en la venida de un Mes√≠as que poseer√≠a las buenas cualidades de las que carec√≠an los reyes. En una profec√≠a, el Mes√≠as se presenta como un rey ideal; en otro, se caracteriza a s√≠ mismo como un juez ideal que comprender√° los problemas de los pobres y oprimidos. Se asegurar√° de que sus derechos sean protegidos y que reciban sus justas deudas. Durante los siglos que siguieron a la carrera de Isa√≠as, el concepto de un Mes√≠as venidero adquiri√≥ muchos significados diferentes y se convirti√≥ en una de las ideas m√°s importantes del juda√≠smo.

Uno de los pasajes m√°s conocidos del Libro de Isa√≠as se registra en el cap√≠tulo 2 y trata el tema de la venida de un mundo sin guerra. Mirando hacia el futuro lejano, el escritor predice un tiempo en que las naciones ¬ęconvertir√°n sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en hoces. No alzar√°n espada naci√≥n contra naci√≥n, ni se adiestrar√°n m√°s para la guerra¬Ľ. Esta profec√≠a, como la registrada en el cap√≠tulo 11, en el que ¬ęEl lobo vivir√° con el cordero¬Ľ y ¬ęNo har√°n da√Īo ni destruir√°n en todo mi santo monte¬Ľ, parece ser un complemento admirable a la idea de un Mes√≠as venidero. , quien ser√° conocido como ¬ęPr√≠ncipe de la Paz¬Ľ. Si bien estos pasajes a menudo se han atribuido a Isa√≠as, la evidencia indica claramente que estas profec√≠as provienen de un per√≠odo posterior. Lo mismo ocurre con varios or√°culos sobre naciones extranjeras, especialmente los que tienen que ver con la destrucci√≥n de Babilonia y la futura regeneraci√≥n de la naci√≥n asiria. El hecho de que estos or√°culos finalmente se incluyeran en la colecci√≥n de la propia obra de Isa√≠as indica la gran estima que se les ten√≠a.



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